El Primer “Solo”

Apenas despuntaba el sol y ya el  fresco mañanero le huía al calor de Maracay.  Un arriero que pasaba por el viejo camino de Las Delicias llevando sus burros, se detuvo un momento al escuchar un curioso sonido completamente ajeno a aquella imperturbable paz rural. Era un zumbido lejano, que parecía aumentar de volumen y bajar de nuevo, como un gran insecto volador. Detrás de la hilera de árboles del camino de Las Delicias, se veía a lo lejos un hormigueo de gente en gran actividad. Varias personas sacaban empujado del hangar uno de aquellos aeroplanos que había comprado hace poco el general en jefe  Juan Vicente Gómez, quien ostentaba el poder real en el país. El avión parecía hecho de palitos y cuerdas. El campesino prefirió apurar el paso, en aquellos tiempos más valía no llamar la atención y caminar ligero.

Al otro lado de la arboleda, en el campo de aviación uno de los biplanos Caudron G.III, de doble larguero  y frágil aspecto se disponía a volar. Sobre él iba un jinete con traje de piel, casco alto y anteojos, dispuesto a domar a la bestia. Su motor ronroneaba encabritado, y al aumentar las revoluciones  la gente se apartó del avión y éste comenzó a carretear solo poco a poco hacia campo abierto.

¡Allez…Allez! – le gritó una de las personas también vestida de aviador.

A bordo, muy concentrado en la maniobra, el piloto, intentaba recordar todos los detalles y recomendaciones que le habían dado los instructores franceses. El nerviosismo del alumno piloto apenas se notaba, sin embargo una bandada de pájaros revoloteaba dentro de su estómago.

El sub-teniente Manuel Ríos. (Foto: Colección Beatriz Ríos Herrera)

El subteniente Manuel Ríos Hernández, había nacido en Altagracia  de Orituco en 1898. Era hijo del general Antonio de los Ríos López, español nacido en Puerto Rico que vino a Venezuela cuando esta isla pasó a manos norteamericanas.  Como era técnico en turbinas de vapor Pearson, su experiencia resultó muy valiosa  en la reparación de una central eléctrica instalada cerca del río Orituco, cuyo caprichoso curso era convertido en energía y enviada hasta Caracas para ahuyentar con su luz a los viejos espantos de la capital.  Sin embargo, al terminarse el trabajo en Altagracia se mudó a Guatire en donde se unió a la lucha contra un grupo de gente armada que habían incursionado por las haciendas y logró derrotarlos. En recompensa a sus servicios a la causa el presidente Juan Vicente Gómez le otorgó el grado de general de brigada del Ejército de Venezuela.

Mientras Ríos enfilaba su avión con dificultad entre las hierbas altas llamadas Escoba amarga y llegar al punto indicado para iniciar la carrera de despegue, recordaba el momento  casi un año atrás en que por primera vez vio un aeroplano. Pasó rugiendo a baja altura sobre sus cabezas rumbo al hipódromo de Maracay donde aterrizó con la elegancia  de una garza real. Su reacción fue correr hasta el sitio, al igual que todas las demás personas, todos querían  ver el  avión. A pesar de lo desgastado que lucía, era una máquina soberbia. Según le contaron, el piloto italiano que se apeó del aparato había combatido durante la guerra derribando a varios aviones enemigos.  Ríos sintió la necesidad de tocar el avión,  puso la mano sobre el fuselaje cerca del motor, percibió dentro el calor de la máquina y tuvo una curiosa sensación, fue como si todo lo que había logrado hasta ahora se hiciese minúsculo al lado de poder volar. De pronto quería ser aviador, subir a lo más alto, zambullirse entre las nubes y sentirse inalcanzable.

Días después estando de prácticas en el regimiento de artillería, escuchó el rumor  de que abrirían una escuela de aviación Militar en Maracay y que iban requerir voluntarios. Casi no podía disimular su emoción, corrió a alistarse pero llegó tarde, anotados en la lista ya había muchos nombres delante de él, civiles y militares, y sabía que solo unos pocos serían seleccionados. Al año siguiente logró  estar entre los primeros y formaría parte de un nuevo grupo que comenzaría a finales de enero.

Sin embargo pasó enero y febrero solo recibiendo clases teóricas, hasta que por fin a finales de marzo  comenzaron los vuelos de doble comando, éstos duraban apenas 10 minutos a 300 ó 400 metros de altura alrededor del campo aéreo. Tuvieron que aprender francés a la fuerza, pues ninguno de los instructores hablaba español. Recordaba que el capitán Petit, era muy estricto y no dejaba que nadie tocara los mandos. Luego de 30 horas de doble comando, varios aterrizajes forzosos y algunos aviones dañados, la suerte quiso que fuese él a quien eligió el capitán Fieschi, jefe de la Misión militar francesa, el primero en intentar un “solo”, y demostrar si éramos capaces de lograrlo.

El sub-teniente Manuel Ríos se dispone a realizar su primer solo en un Caudron G.III el 14 de abril de 1921

El avión llegó al punto de despegue. Sentía un ligero temblor en las manos, sabía que todas las miradas estaban puestas sobre él. Mentalmente se persignó y aceleró el ruidoso motor que como un caballo trotón inició su carrera hacia el aire.

El vetusto biplano ganaba velocidad mientras daba tumbos y saltos debido a las irregularidades del terreno, hasta que en un momento casi mágico las ruedas se despegaron del suelo y comenzó a elevarse hacia el este. Los aplausos de júbilo de sus compañeros estallaron fuera del hangar mientras el avión  rompía el azul aragüeño, adueñándose del cielo venezolano.

Ya en el aire Ríos ascendió hasta los 300 metros de altura, virando 90° sobre las vaqueras. Allí puso rumbo al oeste hasta llegar a los 500 metros de altura. No lo podía creer, estaba en el aire, solo sobre la máquina. Al pasar sobre la vertical de Calicanto movió el timón hacia la izquierda enfilando el biplano hacia el sur hasta pasar por encima de la Plaza Girardot y de allí emprendió de nuevo el descenso apuntando hacia el círculo blanco de cal ubicado en el centro del campo. Redujo las revoluciones del motor manteniendo el ángulo de descenso y la velocidad cuando ya se hallaba encima cortó el motor y haló ligeramente la palanca levantando la nariz para esperar el contacto con el suelo. El avión dio varios saltos y con los pedales intentó que no se fuese demasiado hacia los lados para evitar un “caballo de madera”. Al no tener frenos, había que tener mucho cuidado con la velocidad y dejar que el avión rodara  hasta disminuir la velocidad, ayudándose con el motor. Ríos utilizando los pedales movió el timón y llegó muy cerca del hangar donde todos aplaudían y rechiflaban en señal de admiración. Apenas comenzaba a bajarse del avión cuando se acercó el capitán Fieschi y con una sonrisa de aprobación le estrechó la mano efusivamente diciéndole – Très bien sous-lieutenant, bon atterrissage 

Caudron G.III en vuelo

Con su valor y esfuerzo Manuel Ríos hizo suya la gloria y el honor de entrar en la historia, al convertirse en el primer aviador militar venezolano en realizar un vuelo en solitario.

Al siguiente día, a las 7;30 am un sobre cerrado era llevado a toda prisa por un mensajero hasta el general Gómez, quien se encontraba en una hacienda cercana observando el ordeño. Entregó el sobre a uno de los edecanes del presidente que se la leyó  en voz alta:

ESTADOS UNIDOS DE VENEZUELA

AERONÁUTICA

Mi general,

“Tengo el honor y el gusto de llevar a su conocimiento que ayer el sub-teniente Ríos y hoy en la mañana el civil Yépez han efectuado, en las mejores condiciones,  sus primeros vuelos solos.

Son los primeros alumnos venezolanos instruidos técnicamente  en su grado por la escuela de Aviación de Maracay.

Estoy seguro que obtendremos resultados tan probantes dentro de poco tiempo “.

Anticipándole las gracias, salúdole muy respetuosamente en unión del personal de la Misión.

Capitán Jean Touissant Fieschi

Maracay, 15 de abril de 1921

El general Gómez escuchó atentamente el mensaje, sin perder detalle, se limitó a decir…- anjá…muy bien, sí señor,…si señor

Para mi estimada amiga Beatriz Ríos Herrera, sobrina nieta del capitán Manuel Ríos.

Por: Fabián Capecchi

Escrito por Fabián Capecchi

Fabián Capecchi

Publicista e Historiador – Miembro de FAV-Club

Fabián Capecchi

Publicista e Historiador – Miembro de FAV-Club

3 comentarios sobre “El Primer “Solo”

  • el 14 junio, 2014 a las 9:45 pm
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    Excelente y emocionante articulo. Enhorabuena!

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  • el 22 diciembre, 2014 a las 8:35 am
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    El unico ejemplar existente en el mundo de un caudron lo tenemos nosotros en el Museo de la Aviaciòn en Maracay…

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  • el 18 abril, 2015 a las 12:33 pm
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    EXCELENTE ARTICULO FELICITACIONES

    Respuesta

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