¡¿Que fue eso?! La primera vez que vi un jet

El silbido nos hizo girar las cabezas en la dirección de su origen y pudimos ver un bólido plateado que se desplazaba por el cielo a tan enorme velocidad que no nos fue posible precisar sus detalles.

Bólido

El techo lo ocultó, pero de manera automática volvimos las cabezas en dirección a los ventanales del lado contrario a donde lo habíamos visto aparecer, ya que instintivamente sabíamos que reaparecería en esa dirección. Mejor dicho, volvieron las cabezas todos los que podían ver hacia afuera sin levantarse de su pupitre, que eran los que estaban sentados en las filas situadas desde aproximadamente la mitad del salón de clases hasta las ventanas que daban hacia la calle. Los que no podían, por estar sentados cercanamente a la pared limítrofe con el pasillo exterior, donde estaban situadas las otras ventanas por encima de sus cabezas; se levantaron desordenadamente dirigiéndose al centro del salón, arrastrando y derribando los pupitres en un proceso que fue más rápido que el bólido, y derribando también libros y cuadernos, que rodaron por dondequiera, se colocaron en posición de poder observar, estorbando a los que permanecían sentados que optaron a su vez por levantarse produciéndose inevitablemente forcejeos y empujones, y más útiles escolares derribados.

¡¿Qué fue eso?! Preguntó Frank.

A todas estas eso había reaparecido por donde era esperado y brillando gloriosamente bajo el sol inició un viraje hacia su izquierda que permitió observar bastante bien su extraña estructura con una cola de dos timones unidos entre si por un plano y sostenida a su vez por dos barras unidas directamente a las alas. Las alas estaban separadas longitudinalmente en dos secciones iguales por un abultamiento central que tenía un agujero orientado hacia la cola y una protuberancia que sobresalía de las alas en su parte delantera.

Virando

El viraje y la velocidad hicieron desaparecer nuevamente al bólido ocultándolo para siempre detrás del edificio. El silbido había desaparecido hacía tiempo ocultado por la algarabía que formábamos los alumnos del Colegio San José regentado por los Reverendos Padres Paules en Cumaná, uno de los cuales trataba infructuosamente de lograr algo que siquiera tuviera una semblanza de orden. Se había desatado un verdadero y deliciosopandemonium donde todos hablábamos a la vez, basando nuestras opiniones en conocimientos reales o ficticios adquiridos por diferentes medios, en especial películas y noticieros. Algunos pretendían que el avión tenía un agujero en cada una de las barras que sujetaban la cola y que por allí se propulsaba. Otros, que pudieron ver mejor, o eran más observadores, se adscribieron al esquema correcto de un sólo orificio, que demás está decirlo, nadie sabía que se llamaba tobera. Ambas versiones fueron ilustradas con crudos dibujos que respaldaban las respectivas opiniones de las facciones.

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TOBERA
Era una sola

Varios días duró la agitación por el suceso y los comentarios que él generaba engrosaban generosamente enriquecidos por el intercambio de los muchachos con otras personas, probablemente tan poco informadas como ellos, y por una muy viva fantasía propia de esta tierra cumanesa, que una vez y muy acertadamente llevó el nombre de Nueva Andalucía, y que por algo ha sido cuna de grandes poetas.

Algunos expresaban; en lo que sin duda era un caso típico de cumplimiento del refrán que dice Haber oído campanas y no saber donde; que el avión podía volar tan rápido que pasaba y no se oía, pero que cuando lo vimos iba volando muy despacio.

Otro aseguraba que en los Estados Unidos un avión así se había elevado tanto, pero tanto, que había escapado a la gravedad terrestre, perdiéndose para siempre.

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En el espacio

Un tercero, seguramente con conexiones con el alto gobierno de la época, sentenciaba que el Ejército había comprado cien de esos aviones. Curiosamente éste era el que más se acercaba a la realidad porque en efecto el gobierno había adquirido para la Fuerza Aérea aviones de este tipo aunque obviamente no en el número que nuestro compañero decía. Se trataba de una pequeña exageración infantil del trescientos treinta y tres por ciento, por cuanto según algunas fuentes Venezuela compró en 1949 treinta unidades del avión que acabábamos de ver.
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Se peló por uno

Sin embargo nadie pensó en que Cumaná acababa de entrar a la era del jet, porque con toda seguridad esa fue la primera vez que un avión de ese tipo sobrevoló esta ciudad, ni pensamos en que nosotros éramos testigos de excepción de ese acontecimiento primigenio.

Tampoco recuerdo que nadie identificara correctamente el avión, aunque no lo puedo asegurar ya que los hechos ocurrieron entre 1950 y 1954, pero sin que mi memoria me permita precisar la fecha exacta.

Algún tiempo después tomé conciencia de que el avión en cuestión era un Vampiro, que desde ese entonces es uno de mis preferidos, aunque mantengo la duda si esa preferencia se debe a haber sido ese avión el primer jet que vi en mi vida o a los recuerdos de aquel magnífico pandemonium, que la vista del simpático avión inglés evoca.

Por: Antonio Berrizbeitia, Octubre 2002

Escrito por Antonio Berrizbeitia

Antonio Berrizbeitia

Farmacéutico – Miembro de FAV-Club

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