El hombre que le debe sus piernas al General Gómez

Al general Solís Martínez

Al general Gómez le decían que de noche sobrevolaba la zona de Mariara un aparato desconocido, por lo que a mediados de octubre de 1931 se dispuso el envío de una misión de reconocimiento aéreo integrada por el teniente Jorge Marcano y subteniente Sánchez Carrero, quien había realizado su primer vuelo solo a finales de 1929, igual que el recordado mayor  Alcides Quintero, primer aviador venezolano designado director de la Escuela de Aviación Militar. Pero, relata Sánchez Carrero, tuvimos un accidente al fallar la bomba de aceite del motor por lo que caímos al costado de un cerro. Logramos sobrevivir aunque quedamos heridos. A las cuatro de la mañana del siguiente día, los restos del Morane Saulnier 147 fueron localizados en terrenos de la hacienda Cura, donde procedieron a auxiliar a los dos heridos que se sentían muy mal y casi ni tenían fuerza para valerse por sí mismos.

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Como pudieron, los campesinos y rescatistas enviados del MOP, y el ejército, los bajaron y trasladaron al hospital de Maracay donde el doctor J. A. Tagliaferro, ­médico de la aviación, precisó las heridas y la magnitud de las afectaciones que ambos presentaban.

Refiere Sánchez Carrero que en el caso suyo, Tagliaferro estimó que debía amputarle las piernas, operación cuya gravedad exigía consultarla al Presidente quien en respuesta solicitó que se hiciese lo posible por salvarle las extremidades. Se optó por un tratamiento diferente que duró diez años, tiempo que a Sánchez le tomó recuperarse totalmente.

A Gómez no le gustaban las operaciones y él mismo se negó a que le hicieran la de la próstata cuando la tuvo enferma, lo que causó finalmente su muerte en diciembre de 1935, ­comenta el decano de los oficiales de la Fuerza Armada de Venezuela, al igual que de los embajadores y funcionarios diplomáticos de la República, quien gracias a Juan Vicente Gómez, se salvó de quedar  mutilado en 1931.

Sánchez Carrero, nacido en Santa Ana del Norte, isla de Margarita, el 30 de diciembre de 1908, lleva el mismo nombre de su padre quien era oriundo de Pregonero, estado Táchira, donde había nacido el 20 de julio de 1888, Táchira. El padre formado en la carrera militar al lado del general Gómez, era su edecán cuando se ausentó a Europa por razones de salud. Allá, residenciado en un sanatorio de Davos, logra autorización para asistir como observador a unas maniobras militares en suelo suizo y opta por permanecer para prepararse mejor como militar en el ejército francés.

Para él, la guerra es donde se forma el soldado, por lo cual, cuando estalla en 1914 la Gran Guerra o Primera Guerra Mundial, se presta para ir al frente como parte de la Legión Extranjera que entre tantas acciones, toma parte en la serie de grandes combates conocidos como de Chemin des Dames.

Con el rango de capitán, el 15 de septiembre de 1918, actuaba sobre la ligera planicie donde estuvo emplazado el célebre molino de Laffaux, en el norte de Francia, cuando cayó herido por proyectiles alemanes en medio de una refriega en la que como siempre, dio verdaderas muestras de heroísmo, según referencias oficiales que llenaron de orgullo al general Gómez, como al general López Contreras, primer venezolano en rendirle honores en el cementerio militar du Bois-Robert, que recibió sus restos.

Expiró mientras hablaba en la trinchera con un soldado alemán ­relata su hijo.  Resultó una de las 1.240.000 bajas francesas.

Oscar Yanes da cuenta del viaje que Sánchez Carrero hizo a Venezuela poco tiempo antes de morir. Gómez lo recibió en Maracay  donde le dijo que se cuidara porque cuando concluyera la guerra, iba a necesitarlo ­afirma Yanes.

En la Catedral de Caracas, el jueves 23 de enero de 1919, fue oficiado un funeral de Estado como homenaje al soldado que había muerto por Francia. Ofició el Dean, Monseñor Navarro. Pedro Elías Gutiérrez ofrendó una elegía. Descolló la actuación de la Banda Marcial. Los representantes diplomáticos, consulares y culturales de Francia en Caracas promovieron el homenaje secundado por las altas autoridades nacionales.

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Relata Sánchez Carrero:

La relación de Gómez con mi padre se remontaba a los días cuando se conocieron en San Cristóbal. Hubo entre ellos confianza y estima al punto que el Presidente lo hizo su edecán, función de la que lo separa la salud que motivó que papá fuera nombrado Jefe del Resguardo de Pampatar, en donde mi mamá dio a luz a María Esther. En Margarita, estuvimos hasta que nos mudamos para Los Teques, en busca de la mejoría de papá, quien en 1912 se fue para Davos. Allá le tratan la afección pulmonar. Le fue tan bien que, en el 1914 estaba en condiciones de enrolarse en el ejército francés donde sirvió los últimos cuatro años de vida.

En reconocimiento a los servicios prestados por su padre, por ser huérfano de guerra, el gobierno francés, con el beneplácito de Gómez, apoyó para que el joven José de Jesús fuera a París becado.

Mucho lo favoreció haber aprendió el idioma desde niño, así como su buen desempeño en el colegio San José de Los Teques. En 1921 lo aceptaron en las escuelas militares preparatorias de La Boissière-Rambouillet. En La Guaira se embarca en el vapor Peròu, que zarpa en noviembre de ese año rumbo al puerto de Le Havre.

A principios del tormentoso año 1928 retorna a Venezuela. En medio de la difícil situación política, gracias a gestiones ante el gobierno, en parte impulsadas por Florencio Gómez Núñez, quien era de su misma edad pues también nació en 1908, mereció consideraciones el caso del joven con formación básica militar francesa interesado en ser aviador.

Al deseo lo confronta el general Gómez por lo que en lugar de complacerlo va a parar a la Escuela Militar, en La Planicie, donde debía enseñar francés. Apenas pasan veinte días cuando para suerte suya, cierran la Escuela debido al alzamiento del cuartel San Carlos, el 7 de abril de 1928, acontecimiento que siguió a los valerosos actos de la Semana del Estudiante que en febrero revolucionaron la ciudad.

La alternativa era irse para Maracay, que entonces por poco pasa a ser la capital oficial de los Estados Unidos de Venezuela, debido al creciente desafecto de Gómez por la indomable Caracas.

La suerte y el arrojo acompañan al joven José de Jesús pues el inminente arribo de la misión francesa con los aviones Morane Saulnier 147 y Breguet 19, lo conmina a recomendarse él mismo para trabajar como intérprete. Esto le facilitará relacionarse hasta que le consienten el  ingreso a la aviación en calidad de alumno piloto sin perder el rango militar traído de Francia, que era sub-teniente.

Graduado de aviador en noviembre de 1929, Sánchez Carrero disfruta los vuelos programados entre las cuatro y las ocho de la mañana.

Como en el cuartel no había dormitorios para los aviadores, iban a pasar la noche en sus respectivas casas y volvían temprano a esperar el turno para poder volar pues sólo había dos aviones disponibles. El tiempo pasaba charlando, en una amena tertulia, ­refiere. Bebían el café que cada quien traía, al igual que la comida hecha en casa.

A la pregunta sobre si conoció a Meyer Baldó nos responde

Sí, cómo no, en Maracay, pero él socializaba poco con el resto de los compañeros. Volaba y se marchaba… Creo que hizo una maniobra imprudente que le costó la vida a él como a su acompañante, quien era el hijo del director del Lactuario de Maracay, ambos personas a quienes apreciábamos mucho. El problema no era el avión Stearman traído en vuelo desde los Estados Unidos por Pocaterra, luego adquirido por el gobierno, que yo había volado aunque todos sabíamos que era viejo, muy viejo, que lo habían golpeado duro y reparado por lo que debíamos ser cuidadosos y nunca exigirle demasiado o excederlo.

Una pregunta similar sobre el teniente coronel Luis Camilo Ramírez, posiblemente el primer venezolano graduado de aviador, nos dice:

Sí, en Francia, en donde él se quedó a vivir, hizo carrera militar, sirvió en la Legión Extranjera, que también tenía un frente en Turquía. Pero a Ramírez le tocó en Africa, de donde en 1935 venía a pasar vacaciones en Francia junto a sus hijos, cuando su ayudante, un ruso, para robarlo, lo asesinó en Fez,  Marruecos. No están claras las razones por las cuales el teniente coronel Ramírez no volvió a Venezuela, salvo una vez invitado por las hermanas del colegio San José de Tarbes, de El Paraíso. Supe que mientras estuvo en Caracas, posiblemente la única ocasión en que lo hizo después de emigrar a comienzos del siglo, en ningún momento se quitó el uniforme militar francés ni la  prensa de la época lo reseñó. Era un hombre grato, según lo recuerdo desde que yo era joven y lo conocimos en París.

A la pregunta por qué hubo tantas bajas al comienzo de la aviación militar venezolana, recuerda que en cierta ocasión mientras conversaba con Gastón Lafannechere, jefe de la segunda misión francesa que daba instrucción y asesoraba el mantenimiento, éste, preocupado le confía: Todos esos muchachos van a matarse debido a la pésima escuela recibida desde cuando comenzaron en 1920.

Idéntica apreciación intuitivamente cuajó en el general Gómez debido a la cantidad de siniestros ocurridos, algunos casi en sus propias narices, razón para que con la finalidad de evitar nuevas víctimas y mayores pérdidas, ordenó en 1923 la suspensión de las actividades aeronáuticas, reencausadas después por asesores a cargo del mencionado Lafannechere.

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A causa del accidente, Sánchez Carrero no pudo volver a pilotear. Para él, la aviación se había acabado. Pero, le quedó el orgullo de formar parte del grupo llamado Promoción de Pioneros integrado por aquellos primeros 23 pilotos venezolanos preparados entre 1920 y 1930. Solicitó el retiro; sin embargo, ocupará cargos, entre otros, en la Ayudantía como en la Jefatura de los Servicios en el despacho del Ministro de Guerra y Marina, donde entabla estupenda amistad con su jefe, el coronel Isaías Medina Angarita, el último mayor que asciende a coronel sin pasar por el escalafón de teniente coronel, no por privilegio alguno sino porque así fue hasta aquel entonces.

Medina, lo seleccionaba para que fuera su compañero en misiones como la inspección a los cuarteles en el oriente del país, tarea que los ocupó tres meses llevándolos tan lejos como a la isla de Margarita, Cumaná, Carúpano, Barcelona, Caicara, San Fernando de Apure, Ciudad Bolívar y Tucupita.

De Tucupita, relata, atravesamos el Orinoco para remontar en bongo un caño con la idea de llegar cerca de Maturín. El automóvil que debía recogernos en determinado lugar, no llegó a buscarnos porque se había atascado. Todavía no existían carreteras propiamente dichas. Resolvimos caminar con la maleta al hombro bajo torrenciales aguaceros y la noche que no impidió avanzar hasta que muy extenuados llegamos de día a Maturín.

El general López Contreras, quien apreció y admiró al capitán Sánchez Carrero, quiso que José de Jesús, de apenas 27 años de edad, se incorporara al servicio exterior. Su primer nombramiento fue vice-cónsul en Lausanne, posesionándose del cargo en 1935.

Cuando estalló la Segunda Guerra, nos dice, yo estaba en el consulado en Curazao, ­1937-1941, de donde me hicieron venir para que asumiera el control del movimiento de los aviones militares americanos que llegaban al aeropuerto de Maiquetía y al poco rato salían de nuevo, generalmente rumbo a Brasil. Tenía la preparación como aviador y también los conocimientos de idioma más la experiencia como diplomático. Creo que por eso sería que me trajeron para que trabajara tanto tiempo ­1941-1945- en el aeropuerto, que todavía con lo que contaba era con las rústicas oficinas de la Pan American y los locales desde donde empieza a operar la Línea Aeropostal que antes funcionaba en Maracay.

Dos años más, hasta 1947, estuvo a la orden del despacho de Guerra y Marina. En 1947 sale a servir en Burdeos. De 1954 a 1958, en Zurich, donde abre el consulado. Pasó a la ONU, en Ginebra. Dos veces, en ­1964-68 y en 1971-75, tuvo cargos en Japón, ocho años en total, suficiente como para adquirir vastos conocimientos acerca del lejano oriente, compartidos con la Cancillería en Caracas mediante los informes periódicos del consulado general a su cargo.

Cuando en 1975, Venezuela decide establecer relaciones con China continental, pues las tenía a nivel de embajada con el gobierno de Taiwan, transcurrió cierto tiempo antes de que el presidente Carlos Andrés Pérez resolviera la designación del primer embajador que enviaríamos a Pekín.

Sánchez Carrero es llamado por Gonzalo Barrios, presidente del Congreso, para analizar la cuestión al igual que con la Cancillería, donde deciden recomendarle al Presidente de la República que le encomiende la apertura formal de la embajada.

Las cartas credenciales las presentó durante una rigurosa ceremonia ante un alto jefe militar. Posteriormente habría de hacerlo a quien fungía como Presidente pues ya Mao Tse Tung estaba agónico. No alcancé a conocer al padre de la revolución china. Al poco tiempo de llegar a Pekín, tuvieron lugar las exequias en las que tomé parte como miembro del cuerpo diplomático.

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En 1941 contrajo matrimonio con Victoria Lecuna, unión de la que nacieron tres hijos, uno de ellos aun residenciado en Japón. Hoy, el embajador Sánchez Carrero vive en un apartamento en Colinas de Bello Monte. Allí lo visitamos llevados por el general Solís Martínez, quien está pendiente de la trayectoria del meritorio servidor público y hoy respetable anciano atento a lo que sucede en el mundo. Supone que los chinos se comerán poco a poco a Venezuela pues son hábiles y, para nosotros, difíciles de entender y darle el trato correspondiente.

Por: Alfredo Schael

Escrito por Alfredo Schael

Periodista. Presidente de la Fundación Museo del Transporte y dirige el Museo del Transporte Guillermo José Schael en Caracas

Alfredo Schael

Periodista. Presidente de la Fundación Museo del Transporte y dirige el Museo del Transporte Guillermo José Schael en Caracas

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