La Tragedia del Orfeón Universitario

El suelo estaba tapizado con papeles mojados. 
El cura tomó uno. 
Era una partitura cuya letra comenzaba con estas palabras: 

¡GLORIA AL BRAVO PUEBLO!

Los ángeles cayeron una noche tormentosa:

A 38 años del accidente aéreo ocurrido en las Islas Azores, donde perdieron la vida 68 personas, entre miembros de la agrupación dirigida por Vinicio Adames y tripulantes de la nave, aún quedan detalles sin aclarar.

La madrugada del 3 de septiembre de 1976 el padre Francisco Dolores, párroco de Angra do Heroísmo, no podía dormir.

Afuera de su cuarto parecía desarrollarse el fin del mundo. Dos tempestades con fatídicos nombres de mujer, Emmy y Frances, se abatían casi simultáneamente sobre las Azores. El sacerdote se incorporó de su cama y se asomó por la ventana. Vientos de 120 kilómetros por hora barrían Terceira, una de las nueve Azores, enclavadas en pleno Océano Atlántico, a 1.333 kilómetros de Lisboa.

La visibilidad era casi nula. No se distinguían las luces de las casas. Ni siquiera el balizaje del aeropuerto de Lages, más cercano que el pueblo. Violentas ráfagas de aire y agua se estrellaban contra las ventanas. El cura se aseguró de que estuvieran bien cerradas, y rezó por que las ovejas de su rebaño se hallaran a buen resguardo. Sin embargo supo, antes de correr de nuevo los visillos, que no podría seguir durmiendo. Se acordó entonces de la palabra “Ceraunomancia”, la adivinación por medio de las tempestades.

“Insólito arte”, pensó, pues cómo se pueden tomar por base de una predicción situaciones climáticas tan eminentemente volubles como las tormentas.

Por ejemplo éstas que ahora asolaban Terceira, se habían originado, como todas, en el Caribe, pero, a diferencia de la mayoría, no se habían desplazado al noroeste para ir a morir en La Florida, sino en dirección noreste, hasta casi arribar a los contrafuertes del continente europeo.

De todas maneras, en las Azores estaban acostumbrados a las tormentas desde que los primeros portugueses las poblaron en el siglo XV. Huracanes, tornados, tifones, ciclones, maremotos, cataclismos. Sólo las enormes piedras volcánicas sembradas en los alrededores habían sobrevivido a las perturbaciones del tiempo y de los siglos, convirtiéndose en testigos mudos de la intemperie.

Pero los aparentes caprichos de la naturaleza obedecían a ocultos designios de Dios contra los que no era oportuno ni prudente rebelarse.

El padre Dolores suspiró resignado, encendió la lámpara sobre una mesa de noche y retomó la lectura de La Divina Comedia en donde la había dejado hacía pocas horas. Era en realidad una relectura, pues años antes ya había sentido escalofríos al bajar los nueve círculos del infierno de la mano de Virgilio. Todavía temblaba al leer la inscripción en la puerta del Averno: “Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate: Dejad toda esperanza, vosotros los que entráis”…

azoresislands

Un Viaje Sospechoso:

Las últimas reuniones del Orfeón Universitario en casa de su director, Vinicio Adames, en Las Palmas, habían sido especialmente bulliciosas. Los casi sesenta miembros del grupo, fundado en 1944 por el maestro Antonio Estévez, estaban entusiasmados con la invitación que les habían formulado para presentarse en el Festival Internacional del Canto Coral a celebrarse a comienzos de septiembre en Barcelona, España. Ya habían terminado las clases y estaban empeñados a toda costa en viajar a la Península y presentarse.

 Muchos de ellos eran muchachos de apenas 19 ó 20 años, procedentes del interior, que nunca habían salido del país y veían ahora la oportunidad de conocer otros aires. Su entusiasmo era contagioso. No aceptaban un No frente a sus ansias de vivir, de cantar, de trascender.

Vinicio Adames, apasionado, se dejaba llevar por este entusiasmo, aunque era algo escéptico. La Universidad Central de Venezuela, cuya partida para Cultura era de apenas 0,25% de su presupuesto total, no contaba con recursos para enviar a los muchachos a España. El costo del pasaje por Viasa era de 300 mil bolívares, una fortuna en aquel tiempo. Pero quedaba una posibilidad: el apoyo de la Fuerza Aérea Venezolana, que en otras ocasiones había colaborado con el Orfeón y otros grupos artísticos criollos. Vinicio, abrumado por el empuje de los muchachos, dejó que se organizaran en comisión. Estaban en plena temporada vacacional y no quería desaprovecharla, así que se fue con su esposa Romelia también orfeonista e internacionalista como él y sus tres hijos José Vinicio, de 15 años; Juan Manuel, de 12, y Andreína, de 10, a pasar unos días en Miami.

Mientras tanto, en Caracas, la Federación de Centros Universitarios, dirigida por Pastor Heydra, había solicitado una reunión con el Presidente de la República, Carlos Andrés Pérez. La agenda empezaba con el tema de la muerte del dirigente de la Liga Socialista, Jorge Rodríguez, y concluía con el viaje del Orfeón Universitario. Pérez ofreció un avión de la FAV, un Hércules C-130. En los días siguientes se concretó el ofrecimiento por las gestiones de los orfeonistas.

Sólo faltaba un detalle: el piloto. Entonces contactaron al teniente coronel Manuel Aureliano Vázquez Ocanto, que se encontraba de vacaciones en Maracay, y éste accedió a cumplir la misión con la única condición aceptada; de poder llevar a su esposa. Vázquez no sólo era un veterano piloto, sino que además conocía perfectamente la ruta pues la había transitado en anteriores ocasiones para transportar grupos folklóricos nacionales. Hasta había hecho amigos en las Azores. En pocos días se organizaron dos tripulaciones completas para manejar el enorme aparato.

Los orfeonistas llamaron a Miami a Vinicio y le contaron las buenas nuevas. El director coral decidió regresar a Caracas para viajar con los muchachos. Así lo hizo y su hijo mayor, José Vinicio, decidió venirse con él para estar juntos, pues cumplía 16 años el 1º de septiembre. Al llegar a Caracas, encontraron los preparativos avanzados y el entusiasmo a tope. A Vinicio Adames le ofrecieron un pasaje comercial pero él lo rechazó diciendo: “Yo me voy con mis muchachos”. Raúl Delgado Estévez, orfeonista y sobrino del fundador, viajó primero a España para hacer los preparativos de la llegada y alojamiento del grupo.

En esos días, el cartero que llevaba la correspondencia a casa de los Adames, encontró a su amigo Vinicio y le preguntó jovial: “Entonces, maestro. ¿Es verdad que se va de viaje?”. “No viajo, me llevan”, respondió Adames.  Diversos testigos coinciden en señalar que el músico hablaba con reticencia del tema. Trataba de no enfriar la vitalidad de los orfeonistas, pero al parecer no se sentía a gusto.  Su malestar se hizo más evidente en Maiquetía al comprobar que el Hércules C-130 no disponía de asientos (este tipo de aviones está diseñado para transporte de tropas y equipos) y una de las 33 muchachas, Mercedes Ferrer, se hallaba embarazada de su esposo, el también orfeonista Juan Ramírez. Sin embargo, los jóvenes no se amilanaron por eso y buscaron acomodo de la mejor manera posible.

El apoyo de la FAV era inapreciable y ellos no pondrían reparos por nimiedades. Siete de los orfeonistas decidieron no ir por motivos personales o de estudios. Los antropólogos Carlos Ríos y María Eugenia Suels, por ejemplo, porque estaban inmersos en un trabajo de campo.

Mientras tanto, Romelia había decidido regresar a Caracas con sus dos hijos pequeños para, al menos, despedirse de Vinicio antes de que se fuera. Logró cupo en un vuelo de Panam, pero el viaje fue en vano: al llegar a Maiquetía descubrió que ya habían despegado. Sus aviones se habían cruzado en la noche de los cielos.

El Noveno Círculo:

El padre Dolores interrumpió la lectura. Un ensordecedor estruendo, como el ruido del fin del mundo, le llegó desde el exterior. Por un momento dudó si era el efecto de la descripción del Dante de los suplicios infernales o algo que, efectivamente, estaba ocurriendo afuera. Se asomó de nuevo por la ventana, pero no pudo ver nada. Entonces decidió salir. Se vistió apresuradamente, se echó encima la chamarra contra el mal tiempo, tomó una linterna y buscó las llaves del Volkswagen. Le parecía que el ruido provenía del cercano aeródromo de la OTAN, en Lages, que operaba desde 1945 en virtud de un tratado entre Estados Unidos y Portugal. Hacia allá se dirigió. La carretera bordeaba la pista. El padre Francisco manejaba lentamente, pegando la cara al parabrisas, tratando de ver más allá del haz de luz de los faros, del limpiaparabrisas, de la cortina de lluvia y viento. Finalmente, como a un kilómetro de la pista, vio algo más allá de un sembradío de maíz: era grande, más que una piedra (él las conocía todas), y parecía el lomo de un dinosaurio. Detuvo el carro a un lado de la vía y se bajó, linterna en mano.   Protegiéndose de la intemperie, se dirigió hacia el bulto oscuro. Cuando estuvo cerca se dio cuenta de lo que era: la cola de un avión. Temblando de miedo y de frío se aproximó más aún. Proyectó la luz de la linterna hacia adentro.

Lo que vio lo llenó de espanto: un hombre de ojos claros y una mujer rubia yacían allí, muertos. Algo brillaba en las manos del hombre.

Francisco se fijó mejor: era un diapasón.

El horror apenas había comenzado. Francisco vagó en círculos concéntricos. El suelo estaba tapizado de papeles mojados. Tomó uno.

Era una partitura cuya letra empezaba con estas palabras: “Gloria al Bravo Pueblo…”. 

Siguió caminando, aterrado ante el espectáculo que, como continuación de la lectura dantesca, se ofrecía ante sus ojos, entre maletas, pedazos de cuerpos humanos, amasijos de metal retorcido, manos sin dueño… Contó nueve pedazos de fuselaje, nueve círculos infernales. Aquella noche su fe flaqueó cuando cayó de rodillas clamando al cielo: “Por qué Dios mío, por qué”…

Ya amanecía, y la tormenta amainaba, cuando le recomendaron que se fuera a descansar. Habían llegado decenas, centenares de personas, que trataban de recomponer aquel rompecabezas mortal: marines de la base, campesinos, pastores, marineros, mujeres mudas y recias con la cabeza cubierta por pañoletas negras, se habían sumado a las tareas de rescate sobreponiéndose al asombro, al temor, a la impotencia.

Antes de retirarse, el padre Francisco Dolores pidió que los restos los trasladaran a la Iglesia de Nuestra Señora de la Misericordia, construida en 1521, donde él oficiaría una misa por el descanso eterno de sus almas. Como no había urnas suficientes, guardaron los restos en bolsas plásticas. Para que cupieran en la capilla, hubo que sacar todos los muebles. Eran, en total, 68 cuerpos. Nadie se había salvado.

Ezequiel Díaz Silva, el periodista que El Nacional enviara apenas 24 horas después, refirió: “Es sorprendente la bondad de los pobladores de esta isla. La tragedia no es sólo venezolana, ellos la han asimilado y las calles se notan tristes. Aquí hay una calidad humana que se hace contagiosa”.

El último vuelo:

El Hércules C-130 despegó de Maiquetía, hizo un toque técnico en Palo Negro, Maracay, y siguió rumbo a Las Bermudas. En estas islas, situadas al noreste de las Antillas, aterrizó para repostar gasolina. El avión, de casi 50 metros de largo, necesitaba 36.936 litros de combustible para llenar sus tres tanques (uno principal y dos auxiliares situados debajo de los extremos de los planos), y alimentar sus cuatro potentes motores de turbo propulsión de 4.050 caballos de fuerza cada uno, que le permitían alcanzar una velocidad de crucero de 524 kilómetros por hora.

Mientras cargaban la nafta, los orfeonistas aprovecharon para estirar las piernas en el aeropuerto, y algunos de ellos, para escribir tarjetas a sus familiares. Berta Guerra le escribió a su madre: “estamos acostados en la grama y Vinicio discute con el capitán si seguimos o no”. Las postales, con vistas turísticas, llegaron después del entierro de sus autores.

Finalmente, el viaje continuó. No había combustible suficiente para llegar al continente europeo, pero estaba previsto hacer otro toque técnico en Lages para repostar de nuevo. A miles de pies sobre el Océano Atlántico, “El Hércules” y “El Coloso” se cruzaron. El Boeing 747 de Viasa venía de Madrid. El piloto advirtió a Vázquez que el radar de Lages no estaba funcionando o lo hacía de manera irregular.

Y que, además, Emmy avanzaba. Vázquez respondió, con orgullo de piloto y de venezolano:

“Llevo aquí al Orfeón Universitario. Haremos todo lo posible por proseguir el viaje.  Además, estoy sin combustible.”

El Hércules se adentraba en el vórtice de la tormenta.
El aparato sufría los embates de los vientos huracanados.
Dicen algunos que en la caja negra del aparato quedó registrada no sólo la conversación entre los dos pilotos, sino las voces de los orfeonistas cantando el Himno Nacional, y la de Vinicio Adames tratando de transmitir calma a sus muchachos.

Se acercaban a Terceira. Vázquez intentó establecer comunicación con la Torre de Control. Por alguna extraña razón el encargado no estaba.

En su lugar hablaba un soldado portugués que no sabía inglés.

No se entendían. El Hércules sobrevolaba la isla. Vázquez intentó dos veces el aterrizaje, poniendo en juego toda su pericia de piloto. Pero no pudo hacerlo. Intentó una vez más. “A la tercera va la vencida”, tal vez pensó. Pero acaso un error de cálculo sumado a la nula visibilidad, al mal tiempo y, sin duda, a problemas técnicos de la Torre de Control, o todos estos factores juntos, determinaron que el avión se estrellara a escasos doscientos metros de la pista, partiéndose en pedazos a causa del impacto con las rocas volcánicas.

 Restos del C-130H Hercules FAV7772. (Foto: Archivo diario El Nacional)
Restos del C-130H Hercules FAV7772. (Foto: Archivo diario El Nacional)

Expedientes secretos:

A 38 años de la tragedia del Orfeón Universitario, aún no se conocen las verdaderas causas, a pesar de que hubo una comisión que se trasladó al lugar del accidente para las averiguaciones pertinentes.

“La FAV hizo un increíble esfuerzo por clarificar el accidente, pero finalmente el gobierno prefirió la confidencialidad. Si hubo informe, no se divulgó”, explica Romelia de Adames.

A pesar del tiempo, la herida no cicatriza.

Muchas preguntas impiden el olvido y perturban aún el sueño de familiares y amigos:

¿Por qué, en plena “Venezuela Saudita” se le negó 300 mil bolívares al Orfeón para volar en una línea comercial, que además era del Estado?, ¿Por qué no se devolvieron cuando aún estaban a tiempo?, ¿Por qué el militar estadounidense encargado de la Torre de Control de Lages no estaba en su puesto sino jugando billar?, ¿Por qué transfirieron a Alaska a los marines que estaban esa noche en Lages?, ¿Por qué no funcionó el radar?, ¿Por qué los orfeonistas insistieron tanto en viajar?, ¿Por qué, por qué, por qué?…

Estas preguntas quedan sin respuesta.

Y la ceraunomancia no sirvió para impedir la tragedia.

Prensa de la época reseñando la tragedia (Imagen vía http://orfeonuniversitarioucv.wordpress.com )
Prensa de la época reseñando la tragedia (Imagen vía http://orfeonuniversitarioucv.wordpress.com )

Sin embargo, no todo es dolor. Hoy tenemos un nuevo Orfeón Universitario, dirigido por Raúl Delgado Estévez, que fue declarado Patrimonio Artístico de la Nación en 1983, y que ya se ha presentado dos veces en Terceira. La tragedia motivó el interés por Venezuela de los habitantes de Angra do Heroísmo, ciudad que fue declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco, hasta el punto de que se está gestionando la creación de un Centro de Información sobre nuestro país en la muy culta y noble ciudad.

El padre Francisco Dolores estuvo en Caracas y devolvió al Orfeón Universitario el diapasón de Vinicio Adames, después de guardarlo durante veinte años.

En el lugar del accidente, los pobladores erigieron un santuario con las mismas piedras volcánicas. Y en él nunca faltan flores frescas.

El equipo de FAV-CLUB inmortaliza a los fallecidos en el accidente de Azores, por esta razón aquí siempre sonará el Himno Nacional de Venezuela – “Gloria al Bravo Pueblo” como la llama que nunca se apagará en nombre de los muchachos y miembros del Orfeón y de los pilotos de la FAV.

Créditos:

Eloi Yagüe Jarque
Defensa Civil – Táchira
Foto del Hercules C-130 cedida gentilmente por: Adolfo Alfonso
Simulación del Hercules, Adaptación del texto y Gráficos hechos por: Richard J. Tovar
Mapa Azores: http://www.geocities.com/TheTropics/2140/azores.html

Agradecimientos:

“Mercurio” mercurio@c-com.net.ve  / http://www.rescate.com

Adaptación por Richard Tovar

Escrito por Richard Tovar

Richard Tovar

Piloto Comercial y B.A. of Science in Information Technology – Miembro de FAV-Club

Richard Tovar

Piloto Comercial y B.A. of Science in Information Technology - Miembro de FAV-Club

16 comentarios sobre “La Tragedia del Orfeón Universitario

  • el 2 septiembre, 2014 a las 1:36 pm
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    Tuve el honor de conocer y cantar con algunos de los muchachos del Orfeón,quienes para algunois conciertos de la Agrupacion Polifonia cantaron con nosotros. Pincipalmente con Berta Guerra, de la parentela de mi mama en Irapa, Estado Sucre.

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  • el 3 septiembre, 2014 a las 8:42 pm
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    Mi hermana mayor, mi segunda madre, iba en ese vuelo.Fui una de las personas que recibió una tarjeta de felicitación por mi cumpleaños. Me llegó cuando ya los habíamos enterrado. Nuestra vida se partió en dos desde esa tragedia. Gracias por recordarlos

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  • el 4 septiembre, 2014 a las 1:23 pm
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    Por favor, los nombres de todos los militares fallecidos. Homenaje póstumo a ellos. Familias, niños quedarían huérfanos…fue un dolor muy grande ser coralista y a la vez vecina de una familia en luto. Jamas lo olvidare…

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  • el 4 septiembre, 2014 a las 10:06 pm
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    Fue una terrible tragedia que golpeo severamente a Venezuela. Allí murieron dos amigos de la familia El piloto del avión Vázquez y Trina su esposa.

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  • el 4 septiembre, 2014 a las 10:59 pm
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    nunca olvidare esa tragedia , y eso que no conoci a ningunospero la musica me encanta tanto sobre todo coral , y mis hijos son musicos de orquesta sinfonicas , y que lamentable que no habia un avion comercial para ellos ni presupuesto

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  • el 4 septiembre, 2014 a las 11:53 pm
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    Yo fui una de las personas que recibió tarjeta desde las Bermudas de mi Hermano José Vicente, a quien yo no tuve en mi vientre pero, aunque así no haya sido era mi hijo querido porque así es que yo lo siento. Después de la tragedia me compenetre con el nuevo Orfeón Universitario sigo sus huellas voy a sus conciertos, voy a sus ensayos , he viajado con ellos Los amo,Gracias Orfeón por mantener en el recuerdo al Orfeón 76.

    b

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  • el 5 septiembre, 2014 a las 11:13 am
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    Soy integrante de la Coral Antonio Carrillo de Barquisimeto, Estado Lara, y con su fundador y director “Dr Martin Diaz Peraza”, conocí Muchas anécdotas de Vinicio Adames, amigo personal del Doctor. TaN elevado fue el nivel de amistad, que el Dr Martin Diaz Peraza conjuntamente con La Coral Carrillo develaron una placa conmemorativa por los sucesos ocurridos con el Oren Universitario de la UCV en la casa materna de Vinicio, ubicada en la carrera 16 esquina calle 30.
    A mis hermanos Coralistas Qué Dios los tenga en su Santa Gloria.

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  • el 5 septiembre, 2014 a las 10:46 pm
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    mi prima murio en ese accidente, una tragedia espantosa, cuando la noticia llega a caracas y despues a nosotros, fueron tres dias de angustia, mis tios y primos estaban destrosados, todos los años recordamos, el orfeon del 76 cantando en el cielo….qepd…amen

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  • el 8 septiembre, 2014 a las 10:54 am
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    que tristeza mas grande me embargo ese aciago mes de septiembre,dias antes al tragico accidente nosotros los integrantes del taller de helices de SERMAFAV de la base El Libertador de Palo Negro en Maracay le habiamos reparado una o dos turbohelices al triple 7y2 c-130 y con previo vuelo de reconocimiento quedo apto para su vuelo transoceanico con destino a España.Recuerdo que estuvimos bajo resguardo hasta que apareciera la CAJA NEGRA para aclarar las responsabilidades… pero ya todos saben la triste jugada de la naturaleza DIOS LOS TIENE EN LA GLORIA… AMEN

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  • el 23 noviembre, 2014 a las 11:00 am
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    Se le debe al pueblo de Venezuela el esclarecimiento total de esta tragedia aùn sentida por familiares y amigos y por el pueblo en general.

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  • el 28 marzo, 2015 a las 1:17 pm
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    necesito contactar familiares del MTM(AV)(F) ANTONIO JOSE VILLEGAS QUISIQUE, integrante de la tripulación del Hércules C-130, siniestrado en la isla de los azores, ya que es epónimo de mi promoción egresada el 05 de julio de 1996 de la escuela técnica de la aviación

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  • el 2 septiembre, 2017 a las 7:32 pm
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    Sus restos están en la entrada del cementerio del este, cuando voy a llevar flores a mis padres siempre los veo y tengo en un viejo caset la última actuación del orfeón en el aula magana que transmitia los domingos Radio Nacional. Siempre que los oigo o leo artículos como estos hay una lagrima en recuerdo a todos ellos, civiles y militares. Qué Dios los tenga en su gloria!

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  • el 3 septiembre, 2017 a las 6:27 pm
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    Mi abuelo oswaldo salazar y abuela carmen vidal fallecieron en ese accidente dejaron 6hijos huerfanos y mi abuelo era piloto de la fuerza armada estaba junto al piloto vazques y nisiquiera solo el orfeon ademas de ellos ivan militares con sus esposas hasta hijos y ni los nombran a esas personas de FAV
    Aun lo recordamos no lo olvidaremos…

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  • el 3 septiembre, 2017 a las 7:38 pm
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    En la tragedia falleció Luis Gañango, joven músico de Naguanagua, con quien compartí como integrante del grupo de Gaitas Juventud, de Juventud en Acción, club juvenil de los años 69, 70 y 71. Luis fue musico y destacado joven de la Urb. Tarapio donde tuve el honor de conocerlo y apreciar su calidad humana. Fue a Caracas a estudiar, si no erro, arquitectura y por su cualidad musical se integro el
    Orfeon. Siempre recuerdo con tristeza su tragica partida. Paz a su alma.

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  • el 19 septiembre, 2017 a las 2:44 pm
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    El Orfeón Universitario fue mi fuente de inspiración e incentivo hacia el canto coral. En pocos días presentaré mi tesis de grado en la Escuela de Educación de la UCV y se la dediqué a ellos

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  • el 18 noviembre, 2017 a las 3:30 pm
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    extraordinarios tiempos de la venezuela del 4.30 y los ta tabaratos que fueron extinguidos por la nueva etnia del siglo 31 ta caro o carito vale alli murio mi amigo hijo de la señora callita ardia rojas ferrer donde yo compraba un vaso de de leche a pie de chiva en un cuarto de bolivar de plata medio real un medio una mariquita y tambien lo hacia de las vacas de matias guerra en la cacalle charaima entre narvaez y amador hernandez via al bar de petra avila en su famosa rokola mete y saca

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