Instrumento real

Estábamos volando la fase de navegación con cuatro alféreces de navío de la Armada venezolana. Fueron una promoción diferente a las que venía graduando la Escuela de Aviación Militar (EAM), por cuanto no formaban parte de la promoción de subtenientes próximos a finalizar la fase avanzada en T-2D, y ya estaban finalizando entrenamiento primario en T-34, mientras que los cadetes apenas estaban en pre-solo.

Me tocó volar con Edwin. La navegación pautaba una larga travesía hasta Maracaibo por la costa falconiana. Los cuatro aviones T-34 despegamos en secuencia muy temprano desde la base Sucre. Fuimos los primeros en toparnos a la altura de Punta San Juan una fuerte lluvia con aspecto de tormenta. Intentamos vadear el mal tiempo hacia el norte, pero la visibilidad era muy precaria por la intensa lluvia.

Poco a poco fueron llegando a esa zona los otros aviones. Decidimos regresar a Puerto Cabello y esperar en tierra hasta que mejorara la situación. Allí esperamos hasta pasada las nueve de la mañana. Pero meteorología señalaba que en la ruta inicialmente escogida hacia el norte, por la costa, el tiempo no mejoraría.

Decidimos entonces cambiar la ruta a Maracaibo. Sería vía San Felipe, Barquisimeto y Carora. Despegamos otra vez en secuencia los cuatro aviones, con ascenso sobre el aeropuerto para tomar altura sobre los seis mil pies. Los otros tres instructores decidieron irse por debajo del techo que se vislumbraba hacia Morón. Edwin y yo seguimos subiendo y ya en Morón teníamos la altura deseada. Le ayude a enrumbar el avión hacia San Felipe. Le di el control del avión sobre el techo en que ya volábamos y le indiqué mantener el rumbo hacia una nube a unas cinco millas, sin entrar en ella obviamente.

La torre de Puerto Cabello empezó a solicitarnos insistentemente que reportáramos pasando Morón, pero el alumno no parecía entender la necesidad de reportajes apropiadamente en los sitios requeridos. Se lo reclamé. Pero me dijo que no había visto Morón. Le hice saber que no lo podría ver a menos que ladeara el avión y viera hacia atrás por cuanto ya habíamos pasado sobre esa población y el techo sobre el que volábamos la estaba tapando. Hizo el reporte de radio y me preguntó si el rumbo que teníamos nos llevaría con seguridad a San Felipe. Se lo aseguré, pero para corregir a tiempo quise indagar con el ADF un rumbo de aproximación a esa ciudad.

Bajé la cabeza para buscar en la libreta de frecuencias, pero ésta se rodó debajo de mi asiento. Extendí más el brazo y cuando ya la tenía en mi mano sentí un ruido característico de la aceleración del avión. Levante rápidamente mi cabeza al frente y observé en los instrumentos que efectivamente estábamos acelerando en banqueo de 30° hacia la derecha en descenso. Tomé control del avión, reclamando al alumno por meternos en instrumentos, e instintivamente moví el bastón a la izquierda para nivelar el avión y simultáneamente halé para llevarlo a vuelo a nivel.

Me dio un gran escalofrío al ver los instrumentos: ¡el horizonte artificial se quedó congelado en 30° a la derecha en descenso y la brújula giraba descontrolada! Pero el indicador de velocidad vertical (VVI) y el velocímetro señalaban que estaba subiendo. Luego el altímetro señaló ascenso también. Me acordé que los T-34 no estaban autorizados para vuelo instrumental. Pero estaba metido en uno y debía concentrarme bien para interpretar con sus retardos lo que el resto de los instrumentos me permitieran conocer.

Poco a poco empecé a mover el bastón a la derecha confiando en salir del techo más o menos con los planos nivelados. Me di cuenta que no habría una forma de lograrlo pronto porque ya la altura estaba debajo de 5.000 pies. Seguía dentro de las nubes. El avión empezó a acelerar nuevamente; lo corroboré con velocímetro, altímetro y VVI en franco descenso. Moví el acelerador y el bastón atrás, tratando de mantenerlo centrado. La velocidad empezó a bajar rápidamente. Pasando los 40 nudos empecé a “rendir” el avión y la velocidad nuevamente volvió a subir, pero lo hacía rápidamente; halé el bastón hacía atrás y afortunadamente logré ver que la altura seguía bajando mientras la velocidad se acercaba a los 200 nudos; estaba probablemente invertido.

Entonces metí todo el pedal y bastón a la izquierda y halé con fuerza el avión hacia atrás. Sentí muchas gravedades, parecidas a las que sobrellevábamos rutinariamente en el T-2D que tiene acelerómetro, probablemente seis gravedades inicialmente. El T-34 llegó en poco tiempo a cero velocidad. La altura era menor de los tres mil pies. Empecé a pensar que nos encontrarían estrellados, pero nadie lograría saber por qué habíamos llegado a ese punto. Debía estabilizar el avión para saltar en paracaídas, aunque probablemente a esa altura saltar en paracaídas sería más bien mortal. En verdad no había podido decirle nada más al alumno desde que tomé control del avión.

Con la baja velocidad siento que el avión va cayendo; los instrumentos se tranquilizan también un poco. Pensé que sí podía estabilizar el avión. No hago movimientos en la cabina. Veo hacia arriba y percibo verde entre la nubosidad. Veníamos volando invertidos pero casi sin velocidad. Dejé que el avión acelerara y lo llevé a nivel bajo las nubes. Estábamos cercanos a los mil pies. Divisé una serranía a mi izquierda y entonces exploté al alumno: “¿Ves ese cerro?. ¿Te das cuenta que está mucho más arriba que nosotros?, pues pudimos quedarnos en él. Vamos a continuar un rato aquí para orientarnos”. Llamé a los demás pilotos y les pregunté por sus condiciones de vuelo. Me respondieron que abajo todo estaba bien. Ya orientado, proseguimos hacia San Felipe a menor altura que la planificada. Se lo notificamos a Aproximación Barquisimeto donde decidimos aterrizar.

Me tomó un rato calmarme. Mientras tanto tuve control del avión. Pregunté al alumno por qué se metió en instrumentos y entendí que fue tratando de ver a Morón. Él a su vez me preguntó ¡¿por qué había hecho esa demostración de vuelo en instrumentos?!. Hablamos un buen rato, inclusive después de reportar sobre San Felipe. Acordamos una multa de whisky. Él la subió a una caja, que pondría posteriormente, cuando entendió lo cerca que estuvimos de una desgracia.

En la base Vicente Landaeta de Barquisimeto, conté a los demás pilotos y al comandante del grupo que estaba allá, lo que nos había pasado. Me respondieron con chanzas los demás instructores que con razón tenía la voz tan agitada cuando los llamé por radio. Continuamos luego la navegación a Maracaibo.

Por: Teniente Coronel (Av.) Juan Nelson Salazar “Indio”

Agradecimiento a los administradores del grupo de Facebook Fuerza Aérea Venezolana, FAV-Group, por permitirnos publicar este relato.

Escrito por Juan Nelson Salazar

Juan Nelson Salazar

Promoción “Teniente Francisco José Osorio” de la Escuela de Aviación Militar 1975

Juan Nelson Salazar

Promoción "Teniente Francisco José Osorio" de la Escuela de Aviación Militar 1975

2 comentarios sobre “Instrumento real

  • el 8 Diciembre, 2016 a las 6:25 pm
    Permalink

    Exelente relato esas si son anecdotas de pilotos de verdad que nos cuentan sus experiencias de vuelo

    Respuesta
  • el 16 Diciembre, 2016 a las 2:31 pm
    Permalink

    No entiendo por que la confusion, acaso falta practica para detectar que estabas volando con instrumentos? el aparato no muestra una advertencia? cosas como esa causan accidentes mortales que luego se queda la duda de que les pudo haber ocurrido, a dios gracia pudo controlar el aparato y salir a contarlo pero es muy buena experiencia para el resto de los pilotos.

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *