Águila Uno, Águila Dos: motor apagado

En octubre del año 1970, el Escuadrón de Caza Nro.36, del Grupo Aéreo de Caza Nro. 12, con sede en la Base Aérea “El Libertador”, en Palo Negro, fue comisionado para realizar la “Operación Ojo Mágico IV”, entrenamiento de interceptación en el aire en aviones F-86K, en la Isla de Puerto Rico, en una unidad anfitriona de la Guardia Nacional Aérea de dicha isla. Los pilotos que conformaban dicha comisión fueron: mayor Humberto Pinaud Arcila, capitán Aquino Galicia Loaiza, capitán Polidoro Tallaferro Delpino, subteniente Gustavo Machado Guzmán, subteniente Leonardo Gómez Osorio y subteniente Álvaro González Giménez. Igualmente nos acompañaban aviones Canberra, al mando del capitán Julio Torres Uribe, quienes fungían como aviones enemigos. Un numeroso grupo de suboficiales completaban la comisión, y entre los oficiales de mantenimiento el subteniente Edgar Sanabria Villaroel.

Llegamos a la Isla el 15 de octubre y ya para el 17 comenzaron los vuelos de entrenamiento, los cuales consistían en despegues en parejas de F-86K, siendo dirigidos por el radar de la Guardia Nacional a interceptar aviones agresores, formados por un avión Canberra. Mi primer vuelo ese día aconteció en horas de la tarde, formando pareja con el mayor Humberto Pinaud Arcila. El Canberra agresor estaba piloteado por el capitán Julio Torres Uribe. El área de entrenamiento estaba al norte de la isla a una distancia máxima de 56 millas náuticas.

Comenzamos el vuelo y ascendimos a 20.000 ft., mientras nos dirigían en maniobras preparatorias. El F-86K tenía instalado TACAN, pero por falta de ayudas en tierra en Venezuela, ese instrumento era de adorno. Sólo nos indicaba en el DME la distancia de un punto y el puntero nos indicaba alguna señal de tierra. Todavía no existía en la Fuerza Aérea una Escuela de Vuelo Instrumental. Mientras volaba como gregario derecho del mayor Pinaud, me di cuenta que estábamos a 86 millas al norte de Puerto Rico, cuando el límite debía ser 56 millas.

El radar nos ordenó un viraje de 180 grados y al comenzar a ejecutarlo sentí un golpe seco y el avión perdió totalmente la potencia del motor.

Inmediatamente llamé al líder “Águila Uno”, manifestándole que tenía el avión apagado. El mayor Pinaud prácticamente hizo una maniobra de combate y casi me cae encima del avión.

Parecía estar completamente pegado a mí haciéndome preguntas sobre la situación del avión. Había mucha sensibilidad al respecto, ya que el año anterior se había matado en ese mismo entrenamiento el subteniente Oswaldo Romero y que en la mañana, el capitán Galicia Loaiza había tenido un incidente sobre la pista.

Recuerdo haberle dicho al mayor Pinaud que no se preocupara, que todo estaba bien. Que iba a planear hacia el Aeropuerto Internacional de Isla Verde y que si el avión no respondía me eyectaba a 5.000 ft. de altura. El mayor Pinaud seguía haciéndome preguntas y yo con la mano le decía que todo estaba bien. Planeando a 200 KTS de velocidad, seguí la aguja del TACAN que me indicaba la dirección del aeropuerto, mientras realizaba los 37 procedimientos de reencendido de esa aeronave. Cuando iba a pasar el air start switch le avisé al mayor Pinaud de tal intención y que a partir de ese momentos perderíamos las comunicaciones.

El avión, mientras descendía, comenzó a semi responder al procedimiento de reencendido, pero con dificultad. Una vez que obtuve una velocidad constante de 300 KTS no quise tocar más el acelerador, ya que temía se fuera a apagar nuevamente. El reencendido en estos aviones era sumamente sensible, especialmente con el uso del acelerador.

Nos dirigíamos a Isla Verde cuando se nos presentó un fuerte mal tiempo al frente de la ruta de vuelo. No estaba preparado para vuelo instrumental en tales condiciones. Ya recuperadas las comunicaciones, el mayor Pinaud me alertó buscáramos un hueco para descender, el cual encontramos con una desviación de unos 30 grados. En un momento dado, el mayor Pinaud me indicó descendiera a la vertical sobre ese hueco, lo cual hicimos los dos aviones y cuál no sería mi sorpresa, que al nivelar a muy baja altura, nos encontrábamos en vuelo súper bajo sobre el centro de San Juan de Pto. Rico. No quería ni pensar lo que sucedería si el avión se apagaba nuevamente en ese sitio. Llegamos al aeropuerto con mucha velocidad por lo cual hicimos un 360 sobre la pista y después de realizar los procedimientos de aterrizaje, logramos hacerlo sin novedad.

Posteriormente se supo en la investigación, que había fallado el sensor de combustible del avión. Hay que acotar que en esa época todos los pilotos que volábamos ese sistema éramos pilotos de prueba, por ausencia de los tester apropiados para los chequeos en tierra. Todos éramos pilotos de prueba en cada vuelo. Continuamos volando hasta completar la misión y nos regresamos a Venezuela, quedando este incidente como una anécdota de vuelo. Pero no fue así: casi año y medio más tarde, en diciembre de 1971, llegó un premio de seguridad de la USAF, denominado WELL DONE, el cual me fue otorgado por el Consejo de dicho premio, por considerar que estando en territorio norteamericano, había tenido una emergencia de vuelo y había salvado mi vida y el avión.

Dicho premio fue entregado en los actos del 51 aniversario de la FAV, en el Teatro de la Comandancia General, ante la sorpresa de mí mismo y del personal militar aéreo. Toda la emergencia de vuelo, comunicaciones, acciones, habían quedado grabadas en los equipos de radar de la Guardia Nacional Aérea de Puerto Rico y era una evidencia de lo sucedido y sirvió para la otorgación del premio. Hoy dicho premio reposa en nuestro Museo Aeronáutico en Maracay, el cual doné para esa Institución.

 Por: General de División (Av.) Gustavo Machado “Zamuro”

Publicado originalmente en  el Anecdotario “Después de las Nubes, el Sol”. Publicación de la Fundación Diez de Diciembre 2015.

Escrito por Gustavo Machado Guzmán

Gustavo Machado Guzmán

Egresado de la Escuela de Aviación Militar en 1968. Calificado en aviones T-34 Mentor, Jet Provost T.Mk.52, Vampire FB.Mk.52, Venom FB.Mk.54, F-86F Sabre, F-86K Sabre, T-2C (US Navy) y T-2D Buckeye (FAV). Fue Comandante del Grupo de Entrenamiento Aéreo Nro.14 de la Escuela de Aviación Militar y Líder del Equipo Acrobático “Las Águilas”, pasó a retiro como General de División el 5 de julio de 1998, desempeñando el cargo de Contralor General de las Fuerzas Armadas Nacionales.

Gustavo Machado Guzmán

Egresado de la Escuela de Aviación Militar en 1968. Calificado en aviones T-34 Mentor, Jet Provost T.Mk.52, Vampire FB.Mk.52, Venom FB.Mk.54, F-86F Sabre, F-86K Sabre, T-2C (US Navy) y T-2D Buckeye (FAV). Fue Comandante del Grupo de Entrenamiento Aéreo Nro.14 de la Escuela de Aviación Militar y Líder del Equipo Acrobático "Las Águilas", pasó a retiro como General de División el 5 de julio de 1998, desempeñando el cargo de Contralor General de las Fuerzas Armadas Nacionales.

6 comentarios sobre “Águila Uno, Águila Dos: motor apagado

  • el 1 julio, 2017 a las 3:12 pm
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    Excelente relato, muestra la gran preparación profesional que exhibía para esos tiempos la Fuerza Aérea Venezolana, la serena actitud con la que los caballeros del aire se enfrentaban a las adversidades en cumplimiento de su deber. Gracias por compartirlo General Machado.

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  • el 2 julio, 2017 a las 8:56 pm
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    Es otro ejemplo que demuestra la preparación y versatilidad de muchos oficiales de nuestra FAN. Descartando las “ovejas negras” que existen en la institución militar al igual que en otras instituciones, por herencia, vocación, vivencia y acción con miembros de la FAN en todos sus componentes, doy fe que el militar venezolano se forma para ser mucho más que un buen militar.
    Aprovecho la narración del G.B. (Av.) Gustavo Machado Guzmán, para destacar y recordar la excelente recopilación histórica plasmada en su obra “HISTORIA GRÁFICA DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA DE VENEZUELA”, (1998) la cual reseña eventos y procesos iniciados por “los precursores de nuestra nacionalidad”, desde nuestros aborígenes hasta la Toma del Castillo de San Felipe el 8 de noviembre de 1823, fecha con la cual concluye la guerra de independencia.
    Lic. Daniel Chalbaud Lange.
    Valencia.

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  • el 2 julio, 2017 a las 11:24 pm
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    Tremenda anecdota, in galardon bien merecido General.
    Saludos !

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  • el 3 julio, 2017 a las 11:28 am
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    excelente relato, no solo literariamente sino vivir en letras esa situación y la responsabilidad de un accidente aereo en tierras foraneas…muy agradecido por el relato y orgulloso de los profesionales de la FAV…S.:F.:U.:

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  • el 8 julio, 2017 a las 12:33 am
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    Muy buena anécdota gracias por compartirla, aprovecho para saludarte Gustavo Machado, Soy Álvaro González el hijo del Yuco, mis saludos.

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  • el 10 septiembre, 2017 a las 10:33 pm
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    Saludos Tio Machadito…. Interesante leer esta historia que mi papá nos contó de ti varias veces…

    Don Alberto Guzmán-Hernández.

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