Una historia de aviadores

Hace más de 20 años, el joven Teniente (Av.) Mario José Ramírez Prado salvó mi vida un 18 noviembre de 1994 a las 01:15 hrs. Despegando de primero y tratando de llegar al polígono de tiro de Fuerte Mara – Maracaibo, Edo. Zulia, a bordo de un Embraer AT-27 Tucano en una misión nocturna de lanzamiento de bengalas y de reconocimiento meteorológico para que otros aviones dispararan en el mismo, iniciamos lo que sería el vuelo hacia una segunda oportunidad para nuestras jóvenes vidas.

A escasos 300 pies sobre el terreno y en el peor mal tiempo que haya enfrentado hasta hoy, no se veía absolutamente nada y volábamos con el canopy rozando la parte baja de las nubes cargadas de agua. Volamos por unos 15 minutos y a medida que nos acercábamos al sitio, debíamos bajar más porque la base de las nubes nos obligaba. Cuando el juicio se activó, pude ver que continuar era un accidente seguro, ya que la densidad de la oscuridad al frente me indicaba que era una pared de agua, nubes y tormentas eléctricas lo que me esperaba. Fue así como decidí regresar a la Base “Rafael Urdaneta” (BARU), y al efectuar un viraje rápido y con más de 45 º de banqueo, gané altura y me metí en la base de un cúmulo nimbus con tormenta eléctrica que me indujo de inmediato a la desorientación espacial, al pánico y a la parálisis mental.

En desesperación, comencé a virar a la izquierda, luego a la derecha, luego a la izquierda otra vez hasta que el avión casi se invierte a esa altitud. Al ver con resignación como bajaba la velocidad del AT-27 Tucano,…100, 90, 80 kts en ascenso y próximo a la velocidad de pérdida de la aeronave, debo confesar que estaba determinado a morir esa madrugada, antes que enfrentar la vergüenza, que yo, un instructor de vuelo, se hubiese eyectado por desorientación espacial.

Sabiendo que estaba a unos estimados 900 pies sobre el terreno, justo en ese momento interminable en que esperaba oír la corneta de pérdida de la aeronave, justo ahí, escuche la voz del “Loco”,.. el rockero y el amargado a veces, pero experto en vuelo instrumental (acababa de llegar de cuatro años como instructor en el GRUEVI N° 7), Mario José Ramírez Prado, “Forajido”, quien con su voz de bajo eléctrico me dijo: “Pollo sé que estas desorientado, …yo tengo el avión!!!”, me habló con un tono calmado, frio, y acto seguido tomó el mando del mismo, lo recuperó y en vuelo rasante nocturno sobre Maracaibo me sacó de ese temporal.

Cuando salimos de la condición de vuelo instrumental me entregó nuevamente el mando, yo iba en la cabina delantera y tenía mejor visibilidad porque seguía lloviendo pero no tan fuerte, cuando llegamos cerca del aeropuerto, la pista estaba cerrada, la lluvia volvió a ser tan copiosa que solo quedaba a la vista la línea de luces rojas de inicio de pista, faltaban segundos para perderla de vista y allí decidí lanzarme con todo lo que daba el Tucano para aterrizar. Full Flaps, Tren Abajo, Luces encendidas, acelerador a mínimo y un mini tirabuzón o “mediecito”.

Como pudimos aterrizamos en BARU, previo otro susto donde casi aproximo a la Avenida “Rafael Belloso” -que pasa por el frente de la Base Aérea “Gral. Rafael Urdaneta” -, por la desesperación de aterrizar. Como sea, el aeropuerto ya lo habían cerrado y aterrizamos sin autorización de la Torre de Control, puesto que por la tormenta eléctrica había falla de comunicaciones en la misma, así como en el radio del Oficial Supervisor de Vuelo y el VHF portátil del Comandante del Grupo 13 (1).

Aterrizamos, nos quedamos detenidos en el taxiway de salida de pista casi una hora con el avión y todas sus luces encendidas esperando iniciar el taxeo a rampa militar debido al aguacero que caía esa noche y que no dejaba ver la pista.

“Forajido” y yo creemos que quienes nos esperaban desesperados en rampa y en la torre, oyeron el AT-27 Tucano sobrevolar los alrededores de la Base Aérea, (pasamos muy cerca de la entrada principal y a baja altura) y luego al no oírlo más y no tener contacto de radio, y escuchar por momentos los llamados desesperados del oficial de torre (Kotenko) tratando de comunicarse todo ese tiempo con nosotros, creyeron que nos habíamos estrellado en la aproximación final a pesar de haber pasado por el frente de la torre. No era para menos. No nos copiaban, no nos veían, el aeropuerto estaba cerrado y habíamos aterrizado sin permiso.

Muchas veces imagino que cuando escucharon el reversible de la hélice del avión cuando reiniciábamos el taxeo próximo a rampa militar, le bajó el alma al cuerpo a más de uno y en especial al Comandante del Grupo 13 quien había confiado plenamente en sus dos pilotos al encomendarle esa misión en condiciones de vuelo tan caóticas. Desde entonces, cada 18 de noviembre le doy gracias a Dios, a la Chinita y a Mario José Ramírez Prado por esta nueva oportunidad.

Mario. Siempre tendré esta deuda contigo. Tengo hijos, una carrera, y vida por delante porque ese día, a pesar de yo no querer, insististe cientos de veces en subir a ese avión para salvarme. Ruego a dios porque tu acto nunca sea decepcionado por lo que decida hacer de esta vida que ayudaste a continuar.

Ambos logramos salir ese día de la orden de vuelo al más allá y en un día tan simbólico como el 18 de Noviembre día de la Virgen de la Chinita. Cuando me pregunto por qué tuvimos tanta suerte, me convenzo más que fue por reconocer mi error y ceder los mandos del avión a “Forajido”, amparándome en la confianza que le tenía y a la experticia y responsabilidad de mi hermano piloto, quien sin dudar un segundo y sin perder el temple, decidió quedarse y arreglarlo todo antes que eyectarse y dejarme solo en esa cabina. Nos salvamos porque ese día ya éramos aviadores.

Los que practicamos la humildad llevada de la más profunda responsabilidad. Mario, gracias por ser el aviador de guardia nombrado por Dios para salvar mi vida esa noche.

“La fortuna ayuda a los audaces”

Por: General de Brigada (Av.) Jhon Aberg Forney “Uchire”

Publicado originalmente en Fuerza Aérea Venezolana FAV – Group

Nota:

(1): En 1991 los Embraer AT-27 Tucano pasaron a reequipar al Grupo Aéreo de Bombardeo No.13 que fue transformado en el Grupo Entrenamiento Aéreo Táctico No.13 tras el retiro de los BAC Canberra. Los AT-27 se mantuvieron en esta unidad hasta 1996.

Escrito por Jhon Aberg Forney

Egresado de la Escuela de Aviación Militar, Promoción “Subteniente Piloto (f) Luís Alberto Blanco Abreu” 1985-1989

Jhon Aberg Forney

Egresado de la Escuela de Aviación Militar, Promoción “Subteniente Piloto (f) Luís Alberto Blanco Abreu” 1985-1989

2 comentarios sobre “Una historia de aviadores

  • el 19 noviembre, 2017 a las 4:58 pm
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    Muy apropiado para recordar el día de la Chinita y también que morimos cuando está marcado, ni antes ni después. Muy bueno el arículo.

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  • el 20 noviembre, 2017 a las 12:57 pm
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    Bonita historia, una experiencia que para el protagonista me imagino que recordara con mucha alegria

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