Tropas venezolanas bajo la bandera azul de las Naciones Unidas

El despliegue de tropas venezolanas armadas bajo la bandera azul de las Naciones Unidas, en labores de operaciones de restablecimiento de la paz, marcó un hito en la política exterior del país y a pesar de las dificultades encontradas, se ganó el respeto de la comunidad internacional, labrándose así una experiencia en este tipo de misiones que desafortunadamente no pudo aprovecharse debido a los problemas internos que presentaba Venezuela en esa época.

Este artículo hace un resumen de las operaciones realizadas por un batallón de paracaidistas del Ejército venezolano en Centroamérica, bajo las órdenes de la ONU que por primera ocasión, desplegaba Cascos Azules en la región.

Antecedentes

Venezuela había tenido una modesta participación en misiones de observación de las Naciones Unidades antes del despliegue en Centroamérica. Entre septiembre de 1965 y marzo de 1966, doce oficiales venezolanos fueron incluidos en la Misión de Observación de las Naciones Unidas en India y Paquistán, creada para supervisar el cese al fuego entre estos dos países.

Años después, con la creciente actividades militares de las Naciones Unidas en la década de los ochenta y el aumento del activismo de la política exterior de Venezuela en especial a final de esa década, la contribución venezolana en las misiones de las Naciones Unidas comenzó a crecer, especialmente desde la creación en 1989 del Grupo de Asistencia de Transición de las Naciones Unidas (United Nations Transition Assistance Group, UNTAG) para supervisar el proceso de Independencia de Namibia.

Inicialmente Venezuela participó con doce oficiales de un total de trecientos observadores militares de 28 paises desplegados en Namibia y siguiendo las instrucciones de la ONU, se dispuso a preparar un contingente mayor armado para apoyar de ser necesario a una brigada multinacional de infantería compuesta por tres batallones de Finlandia, Kenia y Malasia.

Soldados finlandeses llegan a Namibia en aviones de transporte C-5 Galaxy proporcionados por Estados Unidos. (Foto: Milton Grant/ONU)
El secretario general de la ONU Javier Pérez de Cuéllar, inspecciona el batallón de Kenia en la Sede Militar del Grupo de Asistencia para la Transición de las Naciones Unidas (UNTAG) en Suiderhof Base, Windhoek, Namibia. (Foto: Milton Grant/ONU)

El Ministerio de la Defensa giró instrucciones al comandante general del Ejército venezolano para formar el contingente, y éste ordenó al Batallón de Paracaidistas ‘Coronel Antonio Nicolás Briceño’ No.42 al mando del coronel Henry Ortega Mota, que se reorganizara y se conformara como la Unidad Especial de Seguridad ‘Venezuela’ (UESV).

El 28 de marzo de 1989, mediante la Directiva No. MD-EMC-300 del 03-NOV-88, se activó la UESV. A partir de esa fecha se empezó la laboriosa tarea de formar una Unidad que pudiera llenar los requisitos para tan importante misión. El batallón de paracaidistas ‘Coronel Antonio Nicolás Briceño’ No.42 empezó a realizar varias transformaciones y modificaciones en su organización. La necesaria nivelación de los contingentes fue el primer paso palpable de los cambios sustanciales que se sucederían.

La organización original del batallón de paracaidistas era de una plana mayor, tres compañías de paracaidistas, una compañía de comando y servicios y una compañía de apoyo de combate. Con la creación de la UESV, se fusionaron la compañía de comando y servicios y la compañía de apoyo de combate, formando una compañía de mando, apoyo y servicios, pero sin el pelotón de morteros, sin el pelotón anti-tanque ni de guías aéreos, ya que para las misiones de las Naciones Unidas que se asignaron, la Unidad no debía llevar armas pesadas ni de apoyo, sino sólo el armamento individual.

El batallón venezolano formaba parte de una fuerza de reserva integrada por otros tres batallones de Bangladesh, Togo y Yugoslavia, con las órdenes de estar listos para trasladarse a la zona de operaciones en un plazo de siete días en caso de ser necesario. La UESV se encontraba en segunda reserva después de Togo y antes de Yugoslavia, por lo tanto, la Unidad se quedó esperando instrucciones en caso de que hubiera sido necesaria la utilización de las reservas, para solventar algún contratiempo surgido, reemplazar alguna Unidad que hubiera satisfecho ya el Mandato de las Organización de las Naciones Unidas o para cumplir con cualquier otro aspecto, de haberse necesitado. Finalmente el batallón de paracaidista ‘Briceño’ no fue requerido por la ONU.

La situación de Centroamérica

Durante los años setentas y ochentas la región centroamericana se había encontrado ensangrentada en su mayor parte por distintos conflictos internos principalmente entre gobiernos y milicias paramilitares de corte conservador y anticomunista contra grupos irregulares rebeldes en su mayoría de izquierda. Todo esto en medio de un escenario de la Guerra Fría y las luchas geopolíticas entre los Estados Unidos y la Unión Soviética (URSS).

Los principales conflictos eran:

– Nicaragua tras el triunfo de la Revolución Sandinista que llevó al Frente Sandinista de Liberación Nacional al poder en 1979, de tendencia socialista y prontamente aliado a la URSS y Cuba, se enfrentó desde 1982 a una fuerza insurgente opositora conocida como ‘Contras’ que eran apoyada y financiada por los Estados Unidos bajo la administración Ronald Reagan.

– El Salvador sumido en una guerra civil, que se enfrentaba el gobierno de derecha en el poder contra las fuerzas de izquierda unificadas dentro del ‘Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional’.

– Guatemala, también en una guerra civil similar a la de El Salvador aunque iniciada mucho antes (en los años sesenta) entre el gobierno guatemalteco, grupos paramilitares de extrema derecha como el Movimiento de Liberación Nacional y las Patrullas de Autodefensa Civil contra guerrillas insurgentes agrupadas en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca.

– Honduras que no se encontraba en guerra civil pero cuyo gobierno aliado a Washington era acusado de represión política contra disidentes, además que su territorio era usado por los ‘Contra’ para operar contra Nicaragua.

Ante esta volátil situación empeorada por las condiciones internacionales y el hecho de que Estados Unidos apoyaba a los gobiernos y fuerzas paramilitares aliadas en la región,​ al tiempo que Moscú, Managua y La Habana hacían lo mismo con las guerrillas comunistas, los diversos bandos y fuerzas combatientes se apoyaban mutuamente según afinidad ideológica ensangrentando aún más la zona.

Costa Rica fue el único país de Centroamérica que no se encontraba en una situación de violencia, sus  gobiernos eran todos electos democráticamente. No obstante el país no estaba del todo exento del conflicto y  muchos costarricenses temieron que la violencia  que existía en otros países de Centroamérica podía extenderse a Costa Rica, país que tenía décadas de no conocer la guerra.

Guerrilleros de la fuerza insurgente conocida como los ‘Contra’. (Foto: Willian Gentile)

Luego de la intensa iniciativa de paz para la región por parte del presidente costarricense Oscar Arias, se emprende un proceso de pacificación que había sido ideado originalmente por El Grupo de Contadora entre 1983 y 1985, integrado por México, Colombia, Venezuela y Panamá. Dicho proceso vio luz en Guatemala con la firma del denominado ‘Plan Arias’ para la Paz el 7 de agosto de 1987, acuerdo que también se le conoce como el ‘Acuerdo de Esquipulas’.

Una Comisión Internacional de Verificación e Implementación del ‘Plan Arias’ se estableció en Caracas en 1987 e integrado por los presidentes de Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Nicaragua, los ministros de relaciones exteriores de los países del Grupo de Contadora, del Grupo de Apoyo y los secretarios generales de la ONU y OEA. En 1988 se unieron a los esfuerzo por alcanzar la paz Canadá, Alemania, España y Venezuela al integrarse en un Grupo Técnico de Apoyo del proceso.

Operaciones helitransportadas del Ejército Popular Sandinista (Foto: Scott Wallace)

Aun con los esfuerzos internacionales, los combates se intensificaron y para agosto de 1989 el proceso estaba estancado y los gobiernos centroamericanos se acusaban mutuamente de no cumplir ni apoyar el ‘Plan Arias’. Es entonces que se solicita la mayor participación de la ONU en el proceso de paz y se pide la desmovilización de la resistencia nicaragüense, los llamados ‘Contras’, activos en las áreas fronterizas entre Nicaragua y Honduras, Costa Rica y El Salvador, y a su vez se pedían elecciones.

Las Naciones Unidas en Centroamérica

En septiembre de 1989 el secretario general de la ONU envió una comisión para evaluar la situación en Centroamérica, con el objetivo de explotar la posibilidad de enviar una Misión de Observación Militar. Los dieciochos miembros de esta comisión, tres de los cuales eran venezolanos, viajaron en un avión de la Fuerza Aérea Venezolana. El informe final de la comisión fue la desplegar una misión militar para las tareas de desmovilización de las fuerzas irregulares de la región.

Fue entonces que el 7 de noviembre de 1989 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la resolución 644/89, creando el Grupo de Observadores de Las Naciones Unidas en Centroamérica (ONUCA), para verificar el cumplimiento, por parte de los Gobiernos de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, de los compromisos adoptados para poner fin a su ayuda a las fuerzas irregulares y movimientos insurrectos en la región e impedir que el territorio de dichos países fuera utilizado para perpetrar ataques contra otros Estados.

Los primeros observadores militares de la ONUCA establecieron su cuartel general en Tegucigalpa, Honduras en diciembre de 1989. El primer contingente consistió en 160 observadores de Canadá, Colombia, España, Irlanda y Venezuela que aportó 50 oficiales que fueron distribuidos en las cinco capitales centroamericanas, catorce centros de verificación y tres bases operacionales en Honduras y Nicaragua. El apoyo logístico de estos observadores era provisto por Argentina, Canadá y Venezuela.

En febrero de 1990 el Gobierno Sandinista es derrotado en las elecciones generales celebradas en Nicaragua, resultando electa Violeta Chamorro. Es entonces que el Ejército Sandinista declaró un cese al fuego de forma unilateral en marzo. El 23 de ese mismo mes representantes del nuevo Gobierno electo, del Gobierno sandinista saliente y una mayoría de los lideres guerrilleros firmaron el ‘Acuerdo de Toncontín’ en Honduras. Como resultado de esto, la mayoría de los ‘Contra’ que estaban en ese país regresaron a Nicaragua.

El 27 marzo de 1990 se aprobó la resolución 650/60 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de prorrogar por otros seis meses del mandato de la ONUCA y la incorporación de personal armado a fin de jugar un papel importante en la desmovilización y desarme de los miembros de los ‘Contra’, aceptando la oferta del Gobierno venezolano de desplegar un batallón como fuerza de paz, el mismo que se preparó y se mantuvo en reserva para la misión de la UNTAG en Namibia y que finalmente no fue enviado.

De esta forma la ONUCA al mando del general de división del Ejército español Agustín Quesada Gómez y del general de brigada canadiense Ian Douglas como segundo comandante, pasaba de tener 160 observadores militares a 260 de diez países, más un grupo de apoyo aéreo compuesto por 16 helicópteros canadienses, un avión alemán, cuatro lanchas patrulleras argentinas con 30 marinos, una unidad médica alemana, 104 funcionarios civiles con 212 vehículos y como consecuencia de la ampliación del mandato, un batallón de infantería reforzado venezolano de 702 efectivos entre oficiales y tropa.

Uno de los típicos vehículos empleados por los observadores militares de la ONUCA en Nicaragua. (Foto: Jack Child)

Fue la primera vez que un grupo de observación militar operaba en el Hemisferio Occidental y también la primera ocasión que una misión de las de las Naciones Unidas se usaba a nivel mundial para desmovilizar y desarmar un grupo irregular.

Los paracaidistas venezolanos se preparan

En Febrero de 1990, el batallón de paracaidista ‘Briceño’ aún bajo la organización de la Unidad Especial de Seguridad ‘Venezuela’, realizaba maniobras en El Pao, Estado Cojedes, cuando fue puesto en alerta ante un inminente despliegue en el extranjero. En marzo nuevamente las Naciones Unidas les asignaron una nueva misión: Ayudar  en el proceso voluntario de desarme de la Resistencia Nicaragüense mediante las actividades de recolección, registro, destrucción, transporte, almacenamiento y custodia y participar en la disposición final de las armas, municiones, equipo y uniformes que entreguen voluntariamente las miembros de dicha Resistencia.

Se inició el análisis de la misión y de la información disponible en atención al despliegue operacional previsto en Centroamérica: Honduras, Nicaragua y Costa Rica; por ello se cambió nuevamente la organización de la UESV, al disminuir el número de efectivos por compañías e incrementar otra unidad fundamental (compañía) más.

Ante la nueva misión, el Ministerio de la Defensa nombró al coronel Álvaro Barboza Rodríguez, primer comandante y al teniente coronel Ernesto García como segundo comandante de la unidad Especial de Seguridad ‘Venezuela’, la cual estuvo organizada por:

Un comando y plana mayor.
Un batallón de infantería paracaidista.
Un pelotón de ingeniería.
Un pelotón de comunicaciones.
Un pelotón de armamento.
Un pelotón de policía militar.

Entre las funciones de la UESV estaban las siguientes:

– Mantenerse físicamente capaces de manejar grandes cantidades de armas y material bélico que sería entregado.
Asegurar y destruir el material bélico peligroso.
Contabilizar las armas y municiones por tipo y número de serial, en caso de ser necesario.
Conducir o escoltar convoyes de vehículos a áreas seguras de almacenamiento.
Proveer seguridad y supervisión hasta que se definiera el destino final de las armas.
Garantizar la seguridad de la Resistencia Nicaragüense mientras permanecieran en las zonas de Seguridad.

Capacidades de la UESV en Centroamérica:

Proporcionar  auxiliares de comando y plana mayor.
Instalar y efectuar las operaciones de suministros de todos los artículos necesarios para la operatividad de la unidad.
Operar los equipos de purificación de agua.
Proporcionar servicio de rancho en forma centralizada o descentralizada.
Proporcionar mantenimiento orgánico a los equipos de comunicación.
Proporcionar primeros auxilios y evacuación limitada de bajas.
Cooperar en la conducción de programas de prevención sanitaria.
Proporcionar apoyo limitado de ingeniería.
Obtener y reportar información de inteligencia.
Conducir operaciones de seguridad limitada.
Conducir operaciones de vigilancia limitada.

La Unidad Especial de Seguridad ‘Venezuela’ en acción

Después de dos meses de espera y arreglos, finalmente el 10 de Abril de 1990, la base aérea ‘El Libertador’ en el estado Aragua partieron las primeras tropas venezolanas en misión de paz bajo la bandera de Las Naciones Unidades. Después de la ceremonia de despedida, presidida por el Presidente de la República y el Alto Mando Militar, el coronel Álvaro Barboza Rodríguez, acompañado por un mayor, cuatro capitanes, cuatro tenientes, veinte suboficiales y 152 tropas de la 2da. compañía paracaidista, abordaron los aviones C-130H Hercules de la Fuerza Aérea Venezolana rumbo a al Aeropuerto Internacional de Toncontín en Honduras, en un vuelo de cinco horas de duración.

Embarque del paracaidistas en uno de los C-130H Hercules de la FAV en la base aérea ‘El Libertador’. (Foto: archivo FAV-Club)
Llegada a Honduras. (Foto: archivo FAV-Club)
Reseña del diario Panorama sobre la llegada a Honduras de las tropas venezolanas el 11 de abril de 1990, luciendo aún las típicas boinas rojas de los paracaidistas antes de cambiárselas por las gorras y boinas azules de las Naciones Unidas (Archivo vía Alys Blanchard)

A la llegada a Toncontín, el general de división del Ejército español Agustín Quesada Gómez, comandante del Grupo de Observadores de la ONUCA les dio la bienvenida a las tropas pacificadoras  venezolanas: “…soldados del Batallón Venezolano Antonio Nicolás Briceño: Sentiros orgullosos de esta misión y de la oportunidad de contribuir con vuestro esfuerzo a la paz en el mundo. Cuando dentro de un tiempo, que todos confiamos sea breve, regreséis a vuestra Patria, Venezuela, en el futuro podréis contar a todos con orgullo: ¡Yo estuve en Centroamérica! ¡Yo contribuí a su paz!, Soldados, en nombre de todos y el mío propio: ¡Gracias!, a vosotros, a vuestro Presidente y a Venezuela.”

El batallón a las órdenes de la ONUCA estableció su cuartel general en Los Trajes, un pueblo hondureño cercano a la frontera con Nicaragua. Al comienzo los efectivos venezolanos encontraron algunos contratiempos para su movilización y despliegue que fueron solventados sobre la marcha.

El 16 de abril las tropas venezolanas finalmente se despliegan y llegan al poblado de Mocorón, en el noreste de la frontera entre Honduras y Nicaragua, desmovilizando a un grupo de 260 ‘Contras’. Dos días después, en Yamales, el antiguo cuartel general del Frente Norte de los ‘Contras’, se consiguieron con 500 irregulares pobremente equipados que igualmente fueron desarmados y desmovilizados.

Soldado venezolano a las órdenes de la ONU prestando seguridad en Yamales, para la desmovilización de los primeros guerrilleros del Frente Norte de los ‘Contras’

Durante este proceso de desmovilización en Honduras los ‘Contra’ entregaron a las tropas venezolanas más de 247 armas livianas, 119 armas colectivas e importante número de municiones, para un total de 2.759 irregulares desmovilizados. Ya para la fecha, una gran parte de los ‘Contra’ que estaban ubicados en Honduras, se habían desplazado a Nicaragua luego de la firma del ‘Acuerdo de Toncontín’.

Un soldado venezolano monta guardia en el campamento en Yamales donde la resistencia nicaragüense entrega sus armas al Grupo de Observadores de las Naciones Unidas en Centroamérica (ONUCA) como parte del proceso de paz general en Centroamérica. Se observan lanzadores portátiles de misiles antiaéreos (Foto: Steen Johansen/ONU)
El general Agustín Quesada (España), Comandante del Grupo de Observadores de las Naciones Unidas en Centroamérica (ONUCA) observa a soldados venezolanos de las Naciones Unidas destruyendo un arma entregada por las fuerzas de resistencia nicaragüenses en amales, Honduras el 18 de abril de 1990. (Foto: Steen Johansen/ONU)
Los soldados venezolanos de las Naciones Unidas cortando las antiguas armas de los ‘Contra’ con equipos de acetileno. (Foto: Steen Johansen/ONU)

Sin embargo el proceso de desmovilización y desarme en Nicaragua sufrió un estancamiento cuando Israel Galeano mejor conocido como ‘Comandante Franklin’, uno de los principales líderes de los ‘Contras’ se negó a cumplir el ‘Acuerdo de Toncontín’, tras ser ratificado Humberto Ortega al mando del Ejército Sandinista como parte del proceso de transición en el nuevo Gobierno de Violeta Chamorro.

Ante la situación la ONU a través del Consejo de Seguridad, establecieron nuevos objetivos a la ONUCA el 19 de abril de 1990, los cuales eran supervisar el cese al fuego y la separación de ambas fuerzas combatientes en territorio nicaragüense, acciones que se habían acordado por ambas partes.

Para el 22 de abril continuo el arribo del resto del batallón venezolano esta vez directamente en territorio nicaragüense. La 1era. compañía de paracaidista salió ese día, el 24 de abril la 4ta. compañía con parte del cuartel general y el 26 de abril concluyó la llegada del personal, con el arribo de la 3era. compañía y la parte faltante del cuartel general. A diferencia de las dos primeras oleadas, que viajaron en los C-130H de la FAV, las dos finales viajaron en aviones de la aerolínea canadiense NationAir. La 2da. compañía de paracaidistas venezolana que estuvo encargada de la desmovilización en Honduras, se dirigió a Nicaragua, donde se uniría al resto de la Unidad.

Llegada del resto del batallón venezolano en aviones de la aerolínea canadiense NationAir. (Foto: archivo FAV-Club)
Soldados venezolanos de las Naciones Unidas desplegados en Nicaragua. (Diario Panorama, 23 de abril de 1990, vía Alys Blanchard)

El proceso de desmovilización en Nicaragua  

A la Unidad Especial de Seguridad ‘Venezuela’ se le asignaron ocho Zonas de Seguridad a lo largo y ancho de la geografía nicaragüense donde se desarmaría a los rebeldes. Junto a los soldados venezolanos, también se encontraba personal civil de la Comisión Internacional de Apoyo y Verificación (CIAV), integrantes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El Proceso de Desmovilización en territorio Nicaragüense empezó oficialmente el 8 de mayo, pero las fuertes lluvias en la región inmovilizaron momentáneamente al batallón venezolano.

Soldados de los ‘Contra’ siendo conducidos a una de las Zonas de Seguridad establecidas por la ONU para su desmovilización. (Foto: archivo FAV-Club)
Rumbo a la Zona de Seguridad. (Foto: archivo FAV-Club)

Para el 30 de mayo de 1990 la presidenta de Nicaragua Violeta Chamorro y los líderes de los ‘Contra’ firmaron el ‘Protocolo de Managua’, reactivando el proceso de desmovilización en Nicaragua, ya que hasta la fecha solo 900 irregulares se habían desarmado. El 9 de junio se organizó una ceremonia especial de desmovilización que incluyó la entrega de armamento pesado que tuvo lugar en El Almendro, Nicaragua.

Una desmovilización típica llevada por la Unidad Especial de Seguridad ‘Venezuela’ a un miembro de la Resistencia Nicaragüense consistía en lo siguiente: El rebelde voluntariamente se despojaba de su equipo de campaña, para que un soldado venezolano lo revisara y así evitar que pasara munición al área de desmovilización. En este punto se entregaba toda arma y munición disponible. A continuación el ex rebelde era sometido a exámenes médicos para que después los miembros del Grupo de Observadores de la ONU le tomaran sus datos personales, familiares, nivel de instrucción, y las actividades que espera realizar en el futuro. Igualmente el personal de la ONU tomaba datos sobre el equipo de combate entregado, datos del armamento, serial, calibre, etc. Ya despojado de toda su indumentaria, el desmovilizado era vestido con ropa civil para finalmente tomarle una fotografía  y entregarle un carnet de identificación. Mientras todo esto sucedía, los soldados venezolanos entrenados en equipos de oxígeno y acetileno, literalmente cortaban los fusiles (u otra arma) en tres partes e inutilizaban los cargadores con una mandarria. Finalmente los restos eran llevados a un crematorio para su total destrucción.

Destrucción del armamento por los soldados de la UESV. (Foto: Jason Bleibtreu)

Todo el proceso desmovilización a cargo de las tropas venezolanas del ONUCA, se realizó sin mayores contratiempos con los miles de miembros de la resistencia nicaragüense y conforme la misión se iba completando exitosamente, el despliegue de la Unidad Especial de Seguridad ‘Venezuela’ fue gradualmente disminuyéndose.

El coronel Álvaro Barboza Rodríguez, primer comandante de la unidad Especial de Seguridad ‘Venezuela’ hablando a sus subordinados en un campamento en Nicaragua. (Foto: archivo FAV-Club)

El 27 de junio el jefe militar de  los ‘Contra’, Israel Galeano, ‘Comandante Franklin’ entregó sus últimas armas, junto a sus 100 soldados más leales, y el día siguiente su principal cuartel general fue entregado a las autoridades, con lo que puso fin al proceso de desmovilización de la guerrilla antisandinista de Nicaragua.

En total la Unidad Especial de Seguridad ‘Venezuela’ condujo exitosamente la desmovilización de  22.373 hombres y mujeres (tanto en Honduras como en Nicaragua). Se recolectaron para su destrucción 15.144 armas de pequeño y mediano calibre, cuatro ametralladoras pesadas, 137 morteros, 1.828 lanzagranadas, 1.333 granadas, 146 minas, y 119 misiles.

De regreso a casa

Antes del regreso del primer contingente, el 19 de junio, en el patio del cuartel general de blindados en Managua, se realizaron dos actos de relevancia histórica, la entrega de condecoraciones Mérito Distinguido de la ONU a todo el personal participante y la entrega de condecoraciones del Gobierno Nicaragüense al personal de la Unidad Especial de Seguridad ‘Venezuela’ que cumplió los requisitos establecidos por la reglamentación.

El general Agustín Quesada Gómez  comandante de la ONUCA declaró: “Los jefes, oficiales, suboficiales y tropas del batallón, han cumplido a plena satisfacción de este general jefe de la ONUCA la misión encomendada. Su actuación ha sido impecable y su entrega y espíritu de trabajo dignos de encomiar. Su disciplina y prestancia militar son de destacar y su bienestar y aceptación en momentos difíciles encomiables.”

Tropas venezolanas en formación en Managua. Al fondo tanques T-55 del entonces Ejército Popular Sandinista. (Foto: archivo FAV-Club)
El coronel Álvaro Barboza Rodríguez comandante de la UESV, el general Agustín Quesada Gómez comandante de la misión de la ONUCA, Violeta Chamorros presidente de Nicaragua y Humberto Ortega Saavedra comandante del entonces Ejército Popular Sandinista. (Foto: archivo FAV-Club)

Después de los actos protocolares, las primeras tropas empezaron a regresar al país, donde fueron recibidas por el comandante general del Ejército, general de división Carlos J. Peñaloza Zambrano.

Para los primeros días de julio, al ultimas tropas venezolanas abandonaban Centroamérica y por este motivo el secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, señaló en su carta fechada el 4 de julio de 1990 dirigida al Presidente de la Republica Carlos Andrés Pérez, refiriéndose al batallón venezolano: “…Este personal, que ha recibido numerosos y merecidos elogios por su profesionalismo y dedicación, desempeño una tarea difícil en circunstancias arduas y muchas veces incomodas. El contingente venezolano ha ganado así la gratitud perdurable de la comunidad internacional, de las Naciones Unidas y, naturalmente del pueblo nicaragüense al que tan idóneamente han ayudado en un momento decisivo de su historia…”.

Paracaidista de la Unidad Especial de Seguridad ‘Venezuela’ asignado al Grupo de Observadores de las Naciones Unidas en Centroamérica (ONUCA), año 1990.

El 24 de junio y 5 de julio se celebraron los acostumbrados desfiles militares del Día del Ejército y Día de la Independencia respectivamente, y la Unidad Especial de Seguridad ‘Venezuela‘ desfiló por primera vez luciendo sus boinas azules y condecoraciones de la ONU.

El 7 de julio en Maracay los integrantes de la Unidad fueron ascendidos y condecorados por el Gobierno Nacional, para finalmente el 18 de Julio de 1990, por Resolución No. E-1467 es desactivada la Unidad Especial de Seguridad ‘Venezuela’ luego de participar por primera vez en una misión con tropas armadas bajo la bandera azul de las Naciones Unidas, en labores de operaciones de restablecimiento de la paz en Centroamérica.

Otras misiones

Luego del despliegue en Centroamérica, Venezuela continúo colaborando en misiones de paz de la ONU. En abril de 1991 se enviaron siete observadores militares a fin de participar de un total de 913 efectivos de la Misión de Observación en Iraq-Kuwait, conocida como UNIKOM, creada con el fin de observar el cese al fuego y controlar la zona fronteriza entre los dos países luego de la llamada Guerra del Golfo. También en 1991, unos quince oficiales venezolanos formaron parte de un grupo de 500 observadores militares y empleados civiles en la Misión de Naciones Unidas para el referéndum en el Sahara Occidental (MINURSO).

En julio de 1991 la Misión de Observadores de las Naciones Unidas en El Salvador (ONUSAL), contó con los servicios de 15 oficiales militares del Canadá, el Brasil, el Ecuador, España y Venezuela, que actuaron como enlaces entre los jefes militares del Gobierno de El Salvador y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, para el cese al fuego entre las dos partes del conflicto.

Por su lado Venezuela tuvo tres representantes en la Fuerza de Protección de las Naciones Unidas (UNPROFOR), la primera fuerza de mantenimiento de la paz en Croacia y Bosnia Herzegovina durante las guerras de Yugoslavia, desde 1992 hasta 1995.

Sin embargo, ninguno de estos despliegues de militares venezolanos, se puede comparar con la complejidad y magnitud del realizado con un batallón bajo el mandato del Grupo de Observadores de las Naciones Unidas en Centroamérica (ONUCA) en Honduras y Nicaragua entre abril y julio de 1990.

Desafortunadamente las experiencias aprendidas con estas misiones realizadas entre 1990 y 1991, no tuvieron la trascendencia esperada, ni en lo militar ni en lo político, ya que los problemas internos del país iban dramáticamente en aumento, teniendo su máxima cúspide con los sucesos ocurridos en 1992, con dos intentos de golpes de estado que fracturaron el ámbito militar venezolano, reduciendo paulatinamente los compromisos de Venezuela en las misiones de Paz de la ONU que aún estaban en desarrollo, siendo la UNIKOM la última en participar cuando esta se dio por concluida en 2003.

Por: Delso López Lugo

Escrito por Delso López Lugo

Delso López Lugo

Ingeniero en Informática con diplomado en Diseño de Medios Web. Miembro de FAV-Club

Delso López Lugo

Ingeniero en Informática con diplomado en Diseño de Medios Web. Miembro de FAV-Club

2 comentarios sobre “Tropas venezolanas bajo la bandera azul de las Naciones Unidas

  • el 28 enero, 2018 a las 8:03 pm
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    Muy interesante y valioso recordatorio.

    Respuesta
  • el 30 enero, 2018 a las 10:31 am
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    Excelente trabajo histórico, muy detallado y rico en datos, no sólo referencia la misión en Centroamérica, también alude a otros compromisos en Asia de los que se ha escrito muy poco a pesar de constituir un capitulo interesante de la historia de nuestra Fuerza Armada; como siempre, el Ingeniero López nos regala una prosa muy bien fundamentada y didáctica, gracias por compartirla.

    Recuerdo haber sido testigo de un acto que se llevó a cabo en la cancha de “Tacita de Plata” (Cuartel Páez, Maracay) el que se homenajeó a los paracaidistas, fue a comienzo de los años noventa, los transeúntes casuales que transitaban por la prolongación de la avenida Bermúdez se paraban ante la cerca para ver la curiosa formación militar que lucía boinas azul celeste que le daba a la agrupación un aspecto poco común bajo el inclemente sol maracayero, ya habían tenido lugar los sucesos de febrero de 1.992.

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