Sin oxígeno líquido

El traslado de los dos primeros aviones T-2D Buckeye, sistema de armas recién adquirido por la Fuerza Aérea Venezolana, para entrenamiento avanzado en aviones a reacción de los cadetes de nuestra Escuela de Aviación Militar, no resultó tan sencillo como nos lo imaginamos los oficiales pilotos comisionados para tal fin. Inicialmente, el primer traslado de aeronaves estaba fijado para el 20 de Junio de 1973

Todo parecía estar bajo control. Los pilotos designados éramos: avión 0048; capitán USN William Albertolli, primer oficial de intercambio FAV-US Navy, acompañado del teniente coronel (Av) Leónidas Marquina Dugarte, Comandante del Grupo de Entrenamiento Aéreo de la Escuela de Aviación Militar (EAM); y avión 0219; capitán (Av) Daniel Baute Noguera y teniente (Av) Gustavo Machado Guzmán.

Es de acotar que el capitán USN Albertolli fue el instructor de vuelo designado por la US Navy como coordinador de los pilotos venezolanos en entrenamiento en la Base Aero Naval Chase Field, en Texas, durante los meses, de enero a abril de 1973. Posteriormente debía viajar a Venezuela, tal cual estaba planificado.

Los primeros pilotos que recibieron el entrenamiento en Chase Field fueron: el capitán Daniel Baute Noguera, el teniente Gustavo Machado Guzmán y el teniente Leonardo Gómez Osorio.

Volviendo a la narración inicial, una vez cumplido el protocolo de entrega de las aeronaves y listas las tripulaciones, nos preparamos para abordar los aviones en esa fecha del 20 de junio de 1973. Todo se hizo sin novedad y los aviones despegaron en forma individual desde el Aeropuerto Internacional de Ohio.

El T-2D Buckeye 0048 en las instalaciones de Rockwell International en Ohio (Foto: Archivo FAV-Club)

Una vez en el aire, el avión Nro. 1 comenzó a hacer extraños movimientos además de que el piloto no contestaba las llamadas de radio. Nosotros, los tripulantes del avión Nro. 2, nos acercamos al avión y vimos al capitán Albertolli, en la cabina delantera, en una posición como si estuviera desmayado, no respondía a los llamados

Nos comunicamos con el teniente coronel Marquina, quien no era piloto de ese tipo de avión pero que acompañaba a Albertolli, para que tomara los controles de vuelo, y asumiera el control de la aeronave mientras nos comunicábamos por radio con el aeropuerto de Ohio para solicitar vectores para regresarnos en emergencia al mismo. Pedimos adicionalmente que alertaran los servicios de socorro correspondientes.

Todo esto se hizo sin mayores problemas y el comandante Marquina a pesar de no ser piloto entrenado en ese avión efectuó el aterrizaje con ayuda de nosotros atendiendo nuestras recomendaciones al respecto.

Una vez en tierra y ya pasados algunos días se determinó que el capitán Albertolli tenía una lesión a nivel del nervio en el cuello, lo cual le impedía volar y razón por la que, posteriormente, fue descartado de vuelo en aviones a reacción.

Pasados unos tres días adicionales en el estado de Ohio, esperando por la situación del capitán Albertolli, y en virtud que no podía seguir volando, la Rockwell International, empresa fabricante de los aviones T-2D, designó al mayor USN Mac Fadden para que tomara el puesto del capitán Albertolli.

En esta oportunidad el avión 0048 sería volado por el capitán Daniel Baute Noguera, acompañado por el mayor Mac Fadden; y el avión 0219, sería volado por el teniente Gustavo Machado Guzmán, acompañado por el comandante Leónidas Marquina Dugarte. Partimos de Ohio, vía Carolina, Florida y Gran Turk, en las Islas Bahamas, donde nos aprovisionaríamos de combustible y oxígeno líquido (usado por estas aeronaves y que luego por un procedimiento lo convertía en gaseoso), necesario para poder respirar, a través de la máscara de vuelo.

El problema que se nos presentó es que no había oxígeno líquido en Gran Turk, por lo cual decidimos irnos a baja altura, respirando aire ambiente, hasta Puerto Rico, con el fin de obtener dicho oxígeno, indispensable para vuelos a grandes alturas.

En Puerto Rico aterrizamos en la base de la USAF Ramey, en el extremo oeste de la Isla, y nos encontramos con la sorpresa que no tenían en existencia oxígeno líquido. Allí nos enteramos que esta Base Aérea estaba en proceso de desactivación, pero aún con sus unidades de vuelo presentes.

En consecuencia, decidimos volar hacia la Estación Aeronaval Roosveltd Roads, en el extremo este de la Isla, donde tampoco tenían existencia de oxígeno líquido. Pernoctamos en Roosvelt Roads, mientras repasábamos los escenarios posibles para solucionar la situación.

En Venezuela nos esperaban en la base aérea ‘El Libertador’ (BAEL), miembros del Alto Mando de la FAV para recibir oficialmente los dos primeros aviones T-2D y esto significaba otra presión para cumplir con la misión

Finalmente decidimos continuar a Venezuela: volaríamos a 42.000 pies, sin oxígeno en el sistema, pero contando con la presión de cabina con ambiente de 14 mil pies, lo cual nos permitiría respirar más o menos normalmente, pero atentos a cualquier signo de hipoxia pues a esta altura mantenida por el sistema de presurización (14 000 pies), el requerimiento de oxígeno para el cuerpo se compensaba en un porcentaje bastante alto.

Debíamos completar el vuelo de 500 millas entre NAS Roosvelt Roads en Puerto Rico a la Base Aérea ‘Libertador’, en el Estado Aragua, en tales condiciones porque de hacerlo a una altura menor no tendríamos el combustible necesario para llegar a nuestro destino. Recuérdese que volábamos siempre sobre mar y que igualmente, en caso de una emergencia no teníamos vuelta atrás.

Ruta de los dos T-2D

De esta manera cumplimos la misión y aterrizamos en BAEL, el 25 de junio de 1973, donde nos esperaban miembros del Alto Mando FAV como ya dije y otras autoridades militares y civiles locales.

Debo señalar que, como se ve, a pesar de lo difícil de esta misión, cumplimos con todas las medidas necesarias para asegurar el éxito de la misma. El día 27 de junio fueron exhibidos los aviones ante el presidente de la República, en la base aérea ‘Francisco de Miranda’, en Caracas.

Nota del diario El Nacional sobre la recepción de los dos primeros T-2D
El presidente Rafael Caldera inspecciona uno de los primeros aviones de entrenamiento avanzado Rockwell T-2D Buckeye en la Base Aérea ‘Francisco de Miranda’ (La Carlota). (Foto: Archivo El Nacional)

Por: General de División Gustavo Machado Guzmán

Publicado originalmente en la Fundación Diez de Diciembre

Escrito por Gustavo Machado Guzmán

Gustavo Machado Guzmán

Egresado de la Escuela de Aviación Militar en 1968. Calificado en aviones T-34 Mentor, Jet Provost T.Mk.52, Vampire FB.Mk.52, Venom FB.Mk.54, F-86F Sabre, F-86K Sabre, T-2C (US Navy) y T-2D Buckeye (FAV). Fue Comandante del Grupo de Entrenamiento Aéreo Nro.14 de la Escuela de Aviación Militar y Líder del Equipo Acrobático “Las Águilas”, pasó a retiro como General de División el 5 de julio de 1998, desempeñando el cargo de Contralor General de las Fuerzas Armadas Nacionales.

Gustavo Machado Guzmán

Egresado de la Escuela de Aviación Militar en 1968. Calificado en aviones T-34 Mentor, Jet Provost T.Mk.52, Vampire FB.Mk.52, Venom FB.Mk.54, F-86F Sabre, F-86K Sabre, T-2C (US Navy) y T-2D Buckeye (FAV). Fue Comandante del Grupo de Entrenamiento Aéreo Nro.14 de la Escuela de Aviación Militar y Líder del Equipo Acrobático "Las Águilas", pasó a retiro como General de División el 5 de julio de 1998, desempeñando el cargo de Contralor General de las Fuerzas Armadas Nacionales.

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