De mis recuerdos de infancia y mis sueños de convertirme algún día en aviador, hacían que siempre observara el vuelo de los cazas sobre el cielo maracayero, bueno, en realidad no solo los aviones de caza, donde a mi edad ya identificaba plenamente a los F-86F y F-86K, Sabre, los Venom, los Canberra, los Jet Provost, los C-123 de transporte, el grupo al cual pertenecía mi padre, el Maestro Victor Gasia Naranjo, mejor conocido entre sus compañeros como El Matador por su afición a las corridas de Toros, él fue tripulante de los C-123 Provider y luego de los C-130 Hercules.
Un día presenciaba el vuelo de una formación de Venom en rombo que se movían sincronizadamente sobre el claro y azul cielo aragüeño, otro Venom volaba en solitario y en momentos pasaba cerca de la formación. Yo tendría para esos días unos once años, no recuerdo realmente fechas, pero eran finales de los años sesenta. Los aviones en formación hacían pasajes en descendentes y ascendentes de manera muy sincronizada y parecían supervisados por el solitario que volaba fuera de la formación, si la memoria no me falla eran cuatro aviones más el Venom solitario.

Formación de cazas Venom. Foto: FAV
Yo observaba todas estas maniobras en una esquina de Las Acacias bien cerca de la intersección de las avenidas Aragua y Fuerzas Aéreas mirando hacia el Sur de la ciudad de Maracay. De repente toda la rutina que estaba siendo practicada por los diestros pilotos se vió alterada, en una maniobra ascendente de la formación se le trató de unir también en ascenso el avión que iba de solitario como intentando meterse en el centro del rombo, al intentar pasar por debajo de uno de los aviones que iba de lateral se vió una chispa producto del contacto entre los dos aviones y luego se escuchó un estruendo y la explosión alcanzó al avión que iba atrás en el rombo. En fracciones de segundo el cielo azul quedó manchado de humo gris y de fragmentos de aviones que se dispersaron en el aire apareciendo luego tres paracaídas de los cuales uno de ellos queda como suspendido en el aire y a la deriva en un descenso muy suave y sin prisa, pasarían unos cuantos minutos todavía en bajar luego que los otros dos paracaidistas habían descendido. Los otros Venom que escaparon a la explosión hicieron unos pases ubicando a los pilotos y al poco rato aparecería un helicóptero dirigiéndose a la escena.
Aunque era un niño en aquellos años aún guardo en mi memoria aquel triste y desafortunado acontecimiento del que fui testigo junto con un primo y uno de los amigos de mi la infancia. El nombre de aquel piloto que bajaba en paracaídas lentamente era el capitán Nestor Guerrero, quien para ese momento ya había cedido su vida al servicio de la Fuerza Aérea y de su patria.
Por Luis Miguel Gasia G.
Montreal 20 de Enero de 2005
NOTA: Este relato de nuestro amigo Luís Miguel Gasia G. es sobre el accidente ocurrido el día 7 de septiembre de 1967, cuando cinco cazas Venom del equipo acrobático "Los Caciques" realizaban practicas con miras a una futura presentación oficial en la inauguración de la Avenida Fuerzas Armadas de la ciudad de Barquisimeto
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