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Teniente (Aviador) Carlos Meyer Baldó

Caballeros del Aire Luis Camilo Ramírez y Carlos Meyer Baldó

....Y de repente hubo un deslumbramiento de luz que cubrió de un resplandor dorado cada rincón del nuevo día, como un impulso propio de la naturaleza en donde cada árbol era teñido de claridad. El nuevo día se sumergía en el rostro del piloto que esperaba en la entrada del hangar. Aún se puede ver el delgado rocío, ligero. Lo único que se mueve en las montañas son las hojas que caen rendidas al suelo, pero el piloto no miró atrás, en la dirección del viento, permanece con el incógnito cielo en sus ojos, probablemente diluido en sus pensamientos, tal vez suspendido por la mano del pasado o del relámpago del sol con la más triste de las miradas, el recuerdo....continua allí acompañado por una silueta inmóvil a pesar de la desorientación del aire. En ocasiones los rayos del sol se extienden hasta volverse hiriente, o sombrío, a veces es la única compañía que se manifiesta cerca con el calor en los brazos, pero aún era muy temprano, apenas comenzaba a amanecer.

- ¿Parece que hoy habrá buen tiempo para volar?- dijo Carlos Meyer Baldó dando la vuelta hacia delante para que Camilo lo reconociera -. Estoy aquí para acompañarlo a realizar uno de los viajes más importante que haya efectuado. Somos patriotas, ¿comprendes, mi Teniente Coronel Camilo? Por ello volamos juntos en esta oportunidad.

Pero en aquel momento, habiéndose cruzado sus ojos con los de Meyer y después de finalizar su inspección ocular del piloto que le hablaba, obvió leer el grado bordado en el uniforme, cosa que normalmente hubiese hecho antes sino se hubiese sorprendido por esa voz salida de la nada mientras disfrutaba del amanecer.

-¿Disculpe cómo debo llamarlo? –dijo Camilo, un poco desconcertado.

-Solamente Teniente Carlos Meyer Baldó. ¿Qué le parece si mientras esperamos que salga totalmente el sol hablamos sobre viejos recuerdos de guerra?

-Me parece válida y conveniente su propuesta, siempre es bueno conocer un poco de tu compañero de viaje, es una costumbre que mantenemos algunos pilotos y veo que usted también es un caballero del aire.- contestó Camilo.

-Hay tantos pactos y promesas de honor que rigen a los que tuvimos la oportunidad de vivir la guerra que es imposible olvidarse de ellas y más aún cuando por alguna circunstancia la historia te cambia la vida aún sin darte cuenta de ello. Sabe lo que es llegar desde Maracaibo a estudiar en Alemania y que se declare una Guerra Mundial y empaparse del entusiasmo propio de tus jóvenes compañeros de estudios, todos prestos a servir la patria, a luchar por una causa noble. Todos tendríamos la oportunidad de ser héroes y llenar los corazones de nuestra generación de gloria y valentía a través de nuestras acciones. Todavía recuerdo mi primer uniforme, era 1914 cuando ingresé como soldado raso al cuerpo de caballería "Dragones 9" de allí a Finlandia para después ir a combatir a Rusia con mi regimiento. En ese tiempo de casi un año fui ascendido a Teniente.

-Todos tenemos que realizar algo arriesgado alguna vez en la vida- dijo alegremente Luis Camilo-. Yo tampoco imaginaba que tanto le cambia la vida a un hombre una conflagración mundial. Uno no es el mismo de antes y después de la guerra, antes y después del amor, antes y después de la muerte. Dos años de tú ingreso a las filas armadas alemanas había recibido el Título de "Piloto Aviador", en septiembre de 1912 en Francia. Sin embargo, mi carrera como militar ya había comenzado desde 1903cuando ingresé como "Alférez de Artillería" a bordo del vapórelo de guerra "Bolívar" de nuestra amada patria Venezuela.

-¿Dónde estaba usted cuando se declaró la guerra?- preguntó Meyer mirando las cuarteadas botas negras y sonriendo como un amigo.

-Era un Teniente recién egresado de la Academia Militar de Saint Cyr, me incorporé al 2do Batallón de la Legión Extranjera en Argelia, África. Uno cuando es niño juega a la guerra- dijo Camilo hablándole mientras le seguía el movimiento de las manos- imagina ser soldado, pero la historia infantil se diluye en tus ojos cuando están en un frente militar, cuando desde arriba de un avión vez a la muerte arropar hectáreas de cuerpo llenos de ideales, ilusiones y esperanzas. Sin duda alguna, el destino arrebata el aliento de los que estamos allí presentes. Comprendes que el destino deja de tener preferencia y la vida es una experiencia dilatada ante la supervivencia.

-No deja de ser sorprendente el hecho de que somos venezolanos casi de la misma edad, unidos por la fundación de la Escuela de Aviación Militar Venezolana, y sin embargo, prestamos nuestros conocimientos y servicios como pilotos de guerra a bandos diferentes. Yo al servicio de Alemania y usted al servicio de los franceses.

-¿Tal vez una de las trampas del destino? Es probable que sea eso lo que hace maravilla a la vida precisamente sus misterios. Algunas cosas retornan otra por el contrario se disipan en el limbo de la nada o del adiós. – replicó Camilo, en un tono que sería definitivo para cualquiera. Luego se inclinó un poco para acomodarse el saco y continuó- Ahora bien, me gustaría saber, ahora que habla de alemanes, ¿cómo fue que perteneció al escuadrón de vuelo del temible Barón Manfred Freiherr von Richthofen?

-El Barón Rojo estaba en la búsqueda de once pilotos para conformar un equipo de destacados combatientes del aire, así fue como fui seleccionado. Mis superiores ya habían visto mi actuación en los frentes franceses y consideraron que reunía las condiciones- explicó Meyer, mientras apartaba hacia atrás un mechón de pelo- Así fue como volé en misiones de combate, de caza, de escolta y de hostigamiento tantas veces por día como lo permitieran las condiciones atmosféricas.

-Todavía recuerdo como los franceses siempre estuvieron a la caza del máximo líder de tu escuadrilla, von Richthofen, teníamos información de que su avión estaba colorado como era costumbre entre nosotros los pilotos de esa época de darle un toque especial a cada uno de los aviones que volábamos, pero los franceses fueron burlados por la astucia alemana.

-Disculpe que le interrumpa- dijo Meyer- esa costumbre en nuestra escuadrilla era muy peculiar, ya que como sabe, nuestra escuadrilla estaba conformada por militares de varias fuerzas, así cada piloto llevaba un uniforme de donde pertenecía, y no de uno de aviación propiamente, pero continué.

-Cuando los enemigos del Barón Rojo pensaban que podía derribarlos al identificar el avión colorado que volaba, una mañana se aparecieron en el cielo todos los aviones de la escuadrilla pintados del mismo color.

-Esa idea surgió a instancia de todos nosotros los que acompañábamos a nuestro líder aéreo, por que sabíamos que siempre se le daba especial caza en los combates al Barón Rojo- respondió Meyer, con un tono de voz triunfante- a pesar de las ideas para protegerlo, el 21 de Abril de 1918, cuando Ritchtofen con 82 victorias se había consagrado como una leyenda, fue derribado cerca de Amiens, sé que aterrizó detrás de la línea aliada, pero ya había fallecido. Sin embargo, ustedes los aliados le hicieron un entierro con honores militares. Un tiempo sus aviones volaron sobre nuestro aeródromo alemán y vimos como desde el aire caían sus objetos personales y fotografías de su tumba. En ese momento no hubo enfrentamiento o altercado alguno, sólo él convenido de caballerosidad entre los que combatimos.

-Yo recuerdo haber visto algunas copias de esas fotografías del entierro, recorrieron el Mundo entero- dijo con voz sosegada y cambió de tema haciéndole una nueva pregunta -¿Hábleme de su mascota Beppo?

-¿Cómo sabe de ese animal?

-En el Mundo, muchos animales, fieles compañeros de los que participamos en la guerra, se convirtieron también en héroes y en algunos casos trascendían sus historias.

-Beppo era un mono que había sido salvado por uno de lo integrantes de la escuadrilla 11, en un jardín zoológico destruido- respondió Meyer, y ambos soltaron una carcajada-. Recuerdo que por culpa del mico se retrasó un día el traslado de la escuadrilla de un aeródromo a otro, por que desempaqueto las valijas de varios de los pilotos mezclando todas las cosas. Sin embargo, Beppo no fue la única mascota cuya simpatía se solidarizaba con nosotros carentes muchas veces del calor hogareño, del amor y la familia. Hubo en una oportunidad un pequeño perro que a veces volaba con uno de nuestros integrantes, otras veces cuando no los acompañaba a volar el canino lo esperaba en el aeródromo. Un día el piloto murió y no regresó, aún así, el pequeño animal siguió viniendo todos los días a esperar a su dueño.

-Evidentemente el hecho se vuelve denso en la memoria de nosotros los guerreros.

-Ninguno de nosotros nos atrevíamos a decir nada sobre el pobre animal, nos recordaba las miles de esperas que tendrían en cada uno de nuestros hogares, ya sea la madre, la esposa, el hijo- dijo Meyer con tono amable, mientras sostenía la mirada al horizonte como si decidiera mirarse a sí mismo.

-En la guerra tuvimos la oportunidad de aprender de hacer de cada una de las experiencias una escuela, pero algunas de sus consecuencias aún persisten en el pensamiento. Algunas veces mis ojos eran sorprendidos por la belleza de una extravagante nube, otras veces eran iluminados por el aterrador destello de las balas cerca del cuerpo. Cualquier aviador sabe que no es fácil ver como una aeronave en el aire pierde el rumbo y comienza una danza macabra que le hace perder el rumbo, sabes que él que se va allí probablemente morirá por que a su paso deja una estela de humo parecida a una gran herida negra que se extiende desde el cielo a la tierra- respondió Camilo sin levantar la cabeza.

-Las veces que lo presencié me dije internamente que ese podía haber sido yo- confesó Meyer con una mueca desdibujada en el rostro- Ante esa imagen comprendes que la edad no acaba con el tiempo, somos nosotros los hombres los que acabamos con nuestra propia edad.

-A pesar de ser venezolano con doble nacionalidad siempre estuve ligado a esta tierra de gracia. Mi padre era comerciante de café venezolano, así podía constantemente saborear el grano de nuestro país y evocar a través de su aroma los cálidos rayos del Sol de Venezuela. En mi paladar volvía a mí una nostalgia impregnada de alegría. Razón por la cual cuando regresé después de terminada la guerra, esa emoción me acompañó con la felicidad de retornar con mis sueños en una maleta, arropado de glorias y muchos recuerdos, algunos alegres, otros por el contrario muy tristes.

-Yo siempre que podía regresaba a nuestro país. Me siento orgulloso de nunca haber renunciado a mi nacionalidad- declaraba orgullosamente Camilo, mientras pasaba sus manos por las ilustres condecoraciones que ostentaba en el pecho-, lo cual me impidió alcanzar él más alto destino en mi carrera militar en Francia. Sólo pude llegar a ser Teniente Coronel (Chef de Bataillon a Titre étranger).

-Algo parecido me ocurrió, pero fue en mis inicios como piloto, recuerdo que fui aceptado sin problema por mi ascendencia alemana para participar en la guerra, sin embargo por tener ascendencia venezolana por parte de mi madre, tardaron cierto tiempo en ubicarme en el ejercito. El ser venezolano es quizás una de las grandes cosas que me llenan de amor y orgullo, y me hicieron retornar a mi patria en 1929. Conté con la fortuna de que el presidente Juan Vicente Gómez se enterara de mis hazañas y me enviara a Europa y EEUU para realizar estudios en nuevos equipos y técnicas, tanto de aviación como de equipos de aerofotogravimetría y fotografía aérea militar para un mayor desarrollo y difuminación de Venezuela. En ese viaje pude en Nueva York volar en el aeródromo Mitchell Field y en el Roosevelt Field. Durante la visita a Randolph Field tuve la ocasión de hacer vuelos locales y viajes aéreos piloteando yo mismo. A mi regreso fue entonces cuando fui nombrado Sub-inspector e Instructor adjunto de la aviación.

-¿Allí no contactaste al famoso Fokker?- interrogó cortésmente Camilo.

Si, este célebre holandés constructor de los aviones de caza para la Primera Guerra Mundial estaba muy entusiasmado con la idea de poder trabajar en Venezuela. Realmente fue exitosa mi visita, lo cual me permitió efectuar un importante informe. En ese tiempo no me dejaban volar del todo por miedo de que me ocurriera algo por la falta de práctica. Cuando no volaba continuaba desarrollado mi gusto por la fotografía, recuerdo que empezando en la milicia me enviaron a realizar una misión de fotografía aérea en un gran sector del frente de trincheras francesas, después de varios días de vuelo pude realizar con éxito la misión de la aerofotografía.

-Esa simpatía por la fotografía yo también la disfrutaba- le recordó Camilo-. Sin embargo mi pasión estaba orientada hacia la escritura. Cada vez que podía enviaba mis notas o reflexiones a los diarios de Caracas, en especial al "Universal". En una ocasión hubo uno de mis escritos que tuvo una especial aceptación por la sociedad caraqueña. El título era "Como se llega a ser un aviador", setiembre de 1912, el cual fue publicado en una primera plana. También con emoción traigo a mi memoria el hermoso recuerdo de haber leído en un diario en 1920 que la embarcación "Haití" había llegado a la Guaira procedente de Francia con los primeros modelos del Caudron G-3 entregados a Venezuela.

Tengo entendido que ya Venezuela en ese mismo año había decretado en abril la creación de la Escuela de Aviación Militar y el 10 de diciembre se estableciera el acto de instalación, es decir que la llegada de los aviones fue oportuna- afirmó Meyer.

-Es correcta tu información- respondió y volvió a arreglarse el saco.

-La aviación en general cambió tanto después de la guerra, crecía con rapidez al igual que la fotografía y el cine, cada día se convertía en algo mas sofisticado.

-¿Sabes tú a donde vamos en esta misión y cuando regresamos?- interrogó Luis Camilo.

-Hay cosas de las cuales es mejor no saber nada en las misiones de la guerra- respondió Meyer dirigiendo la mirada en dirección al sol.

-Desde el cielo hay algo que te hace ser dueño de lo que miras- interrumpió Camilo dirigiendo también su mirada hacia el astro rey y continuó-. Con el aire soplando en tu cara como un recuerdo frió de la infancia que se asoma a tus pensamientos de manera insistente. En el aire eres una partícula del universo que se acerca a un ser supremo, te vuelves pájaro de fuego incandescente para la vista y las palabras en cada regreso después del vuelo.

-Del regreso mucho se ha dicho, pero ¿sabemos realmente cuando regresamos?- preguntó Meyer

-¿Quizás esta mañana lo sabremos?

-Tal vez la respuesta esté en el cielo.

-Es probable.............

Bibliografía:

Toque y despegue, organo informativo de la Fuerza Aérea Venezolana; año 3 No 22; páginas 28, 29 y 30.

Autor: Licenciado Angel Liendo Origuen

Adaptación y Fotos: Erwin Fuguett 


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