Durante su primer mandato, el presidente estadounidense Ronald Reagan aprobó la venta de F-16 a Venezuela en el marco de su enfrentamiento con lo que el Pentágono llamo alguna vez "triángulo rojo del Caribe": Cuba, Nicaragua y Granada. Haciendo una excepción en la política establecida en 1977 bajo el presidente Jimmy Carter de no vender armamentos ni equipos militares sofisticados a los gobiernos de América Latina ni lo demás países en desarrollo. Permitir que un país sudamericano tuviera material aeronáutico de última generación, utilizado por los países de la OTAN y por la misma USAF, fue, sin duda una decisión política de la administración Reagan.
Cuba se dotó a comienzos de los ‘80s con cazas Mig-23 Flogger de fabricación soviética; igualmente Nicaragua plateaba la posibilidad de equipar a su fuerza aérea de aviones Mig-21 Fishbed de igual procedencia y la situación en la isla de Granada, en donde "asesores" cubanos estaban construyendo una gran base aérea, preocupaba mucho al gobierno de los Estados Unidos. Ante todo esto, Washington decidió hacer contrapeso con la venta de los F-16 a Caracas, para contrarrestar la presencia "roja" en el Caribe. En ese momento gobernaba Venezuela el democristiano Luis Herrera, quien además de opositor ideológico del Presidente Fidel Castro, respaldaba a su colega Napoleón Duarte en El Salvador y reavivó una controversia territorial con Guyana, con la que se solidarizaba Cuba. La decisión del gobierno de adquirir el F-16, estuvo precedida por una larga y confusa polémica sobre la conveniencia de esa compra: mientras se hablaba de una adquisición "ideologizada" y del aumento de la dependencia de nuestro país ante Estados Unidos, se comentaba también que ese país se oponía a que Venezuela hiciese esta adquisición pues consideraba que por estar nuestro país amparado por el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) no necesitaba de este tipo de armamento. Sin embargo, el TIAR se fue al pote de la basura, cuando no se cumplió en su totalidad al estallar la Guerra de las Malvinas en 1982, entre Gran Bretaña y Argentina. Con anterioridad la Fuerza Aérea Venezolana había nombrado una comisión técnica para que evaluara entre los sistemas de caza KFIR C-2, Mirage 50, Mirage 2000 y F-16, la cual finalmente recomendó la adquisición de este último. Entre las principales justificaciones de la decisión se mencionaban la necesidad que tenía el país de disponer de aviones de combate que puedan cumplir con mayor índice de perfección las tareas de ataque y defensa, que además pudieran operar en la mayoría de los aeropuertos nacionales con su máximo armamento. A esto se le sumaban las múltiples funciones que podía cumplir el F-16, pues permite ejecutar operaciones de interceptación, bombardeo y caza. Además los aparatos tenían una vida útil aproximada de 30 años. La negociación se hizo entre ambos gobiernos (Venezuela-USA) por un monto de 615 millones de dólares que incluían las 24 unidades (6 biplazas y 18 monoplazas), repuestos y asistencia técnica por año y medio. Cada avión costó en promedio 25 millones 620 mil dólares. El 16 de noviembre de 1983, a tan solo menos de un mes de la invasión Norteamérica a la isla de Granada, llegaron al país los primeros F-16B, con cuatro de los seis pilotos y el personal de técnico y de mantenimiento. Los otros F-16A empezarían a llegar a partir de mayo de 1985 cuando el personal de la FAV ya tuviera todo el personal necesario preparado. HIPÓTESIS DE CONFLICTOS Superado el "triángulo rojo" del caribe, los F-16 permanecieron en Venezuela como equipo de primera línea en las hipótesis de conflicto que estudian los institutos militares. Venezuela y Colombia, todavía con delimitaciones pendientes, tradicionalmente han comprado sus maquinas bélicas y en hipótesis de conflicto, Venezuela suele suponer que cuenta con superioridad aérea sobre su vecino. Cosa que se puso de manifiesto, en la crisis de la corbeta Caldas en agosto de 1987, cuando los F-16 de la FAV gobernaron los cielos sin la más tímida oposición. 
REPONER PERDIDAS En 1997, el gobierno venezolano hace oficial el pedido de dos F-16 (modelos A y B) a Estados Unidos, para suplir aviones perdidos en accidentes. El primero ocurrido en 1994 y el segundo un año después, cuando un F-16B, se estrella al realizar una maniobra a baja altura. Estos aparatos cuya transferencia fue aprobada por el gobierno norteamericano, serán suplidos de los inventarios de la USAF. Sin embargo los largos tramites burocráticos, han alargado la entrega. Los aviones tendrán que cumplir con los requerimientos de la FAV y estos serán especificados en el Proyecto 2020 que tiene como objetivo elevar las prestaciones de las 24 unidades disponibles a los niveles C y D, así como, mantenerlas operativas hasta el año 2020. |